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viernes, enero 04, 2008

Reyes magos para tiempos de incredulidad

Una de las láminas del Breviario de Ratisbona, que originalmente fueron grabados, muestra en el cuadrante central una composición que, no obstante el paso de los siglos, aún resulta familiar para quienes tienen oportunidad de leer los códigos católicos. En total, intervienen unos nueve personajes de los que podemos deducir que cinco están emparentados con lo sagrado; esto lo advertimos porque detrás de su cabeza luce redonda, una aureola, distintivo para ubicar a los personajes divinos de los profanos, que se emplea en la tradición de la iconografía religiosa católica.

Aunque se trata de cinco áureos el lector debe apreciar más el detalle y advertir que hasta entre las figuras divinas hay clases sociales. Los personajes que aparecen en la parte superior de la composición son alados (son ángeles) y su aureola apenas tiene otro adorno que una circunferencia dentro de la otra. Justo debajo del resplandor de una estrella que sostienen los ángeles, una figura femenina (la única que aparece en la ilustración) está sentada y sobre sus rodillas descansa un niño vestido con túnica. La aureola de la mujer está formada también por dos circunferencias, pero entre el espacio que existe son pequeños círculos los que completan la parte del redondel que observamos, a manera de corona. El niño que descansa sobre las piernas de la mujer recibe un más detallado trato por parte del artista: su aureola no sólo está formada por dos circunferencias, sino que el espacio entre ellas se ha completado con líneas que delimitan zonas blancas y oscuras para crear el efecto de incesantes destellos.

A la izquierda de la mujer está un hombre que suponemos divino porque tiene una aureola semejante a la de ella. Recordemos la tradición que sólo se ubica a la derecha del padre, al hijo. Sigamos con las figuras “no divinas”. Si vemos de frente, de nuestra derecha a izquierda hay cuatro personajes que se muestran: un niño que sostiene una bandeja y luego un adulto arrodillado a los pies de la mujer. Este hombre, barbado y con túnica, sostiene las cadenas de un incensario, al lado, una corona se posa sobre un tapete. Seguido, un hombre barbado pero calvo ofrece al niño una corona, que está posada sobre un cojín. A espaldas del calvo, otro hombre al que distingue su corona, sostiene con una mano una rama del árbol de la mirra y en la otra una copa cubierta. La escena se trata de la adoración de los reyes magos…Los regalos que dice la tradición que dieron al niño son: incienso, porque es Dios; oro, porque es hombre y mirra, por que es rey (una resina de la que se fabrica un aceite con que se ungía a los reyes). Los reyes cuyos cráneos, juran, están en una urna en la catedral de Colonia.

Los historiadores del arte y los teólogos no se admirarían de la anterior descripción. Sin decirlo, sabrían que se trataba de la famosa adoración de los reyes o los magos, según cuenta el segundo capítulo del evangelio de Mateo.

Miles de padres irresponsables no han explicado a sus hijos que se trata sólo de una bella leyenda. Y por esa omisión, miles y miles de niños serán infelices, porque los hijueputas de los reyes no cumplieron con las peticiones de los desilusionados pequeños.

jueves, enero 03, 2008

Lo peor de la cazuela: guisarla y no comerla

Pintura: Miguel Ruibal


No era la dorada cava la que con sus burbujas dibujaba la felicidad en las copas de cada uno de los ganadores que este diciembre le pegaron al gordo. No se trataba que cada “cachito” les reportara unos tres millones de euros y una borrachera fenomenal, porque además las imágenes eran distantes. Los ganadores de sorteo allende los mares festejaron a lo grande y la suerte española pringó a varios puntos de la península ibérica. Los madrileños que tienen por amuleto al legendario expendio ubicado en Gran Vía, “Doña Manolita” y fueron a comprar allí su billete de lotería, pues no se arrepienten de haber sufrido las calamidades del céntrico “Madri”. Total, que siempre vale la pena atreverse a lo imposible con tal de quedarse al menos con tres millones de euros en los bolsillos.

Lotería. Uno de los versos de la Carmina Burana rescatada por Carl Orff dice que la fortuna es como la luna, unas veces arriba y otras abajo. Y como la diosa Fortuna es caprichosa, a los mortales nos gustan los reportajes donde se entrevista a los que fueron pobres y de pronto, tras un golpe de suerte, se convierten en menudamente pudientes (ningún sorteo de lotería hace ricos, groseramente ricos, a los agraciados). Es como asistir a la representación del cuento de la Cenicienta, donde invariablemente será la andrajosa la que tenga derecho a retozar en la cama del galante príncipe. Y ya repuestos del desencanto que provoca no haber comprado el número ganador, pues deseamos éxito para los ganadores y cada chango a su mecate.

Habrá que esperar unas horas o días para que la región indiscreta de la prensa comience a labrar la historia de los cinco dígitos: Cero-cinco-seis-siete-seis. El número que tenían los billetes de lotería vendidos en los Portales, del puerto de Veracruz y adquiridos por el gobernador Fidel Herrera. Cuenta la leyenda que todo ocurrió el último día del año que se fue y que el mandatario compró billetes y con el espíritu de santa Clos metido entre los huesos —aún faltaban días como para que se enterneciera por ser rey mago— regaló “cachitos” a los empresarios que lo acompañaban y a parroquianos de a pie. “La suerte del veracruzano” declaró el agraciado ganador a algunos medios.

La noticia no carece de interés y algunos dirán que “dinero llama a dinero” así como yo he usado de título un viejo refrán. Pero la malicia debe llevarnos a pensar en aquellos tertulianos que también echaron un vistazo a la misma vendedora y que por pagar otra cerveza prefirieron no seguir al llamado de la suerte. Esos son los que se van a tirar de los cabellos, qué tipos tan cercanos al rebuzno, qué tontos. Pero si nos ponemos en sus zapatos también debemos pensar que los pobres no tenían mucha alternativa; la leyenda confirma que justo el día treinta y uno de diciembre los precios de bebidas y alimentos en la zona de “Los portales” eran tan exagerados como decir que sólo el agua de tamarindo quita la sed. Una torta de pierna se vendía en ochenta pesos, una cerveza alcanzó los cincuenta. ¿Comer y beber o adquirir una papeleta de la Lotería Nacional?

¿Se pondrá de moda ir a comprar billetes de lotería la café La parroquia, de Veracruz? ¿Los asesores, siempre tan listillos, recomendarán al sitio como el “Doña Manolita” pero en versión jarocha? Y no fue nota del día de los inocentes.



miércoles, enero 02, 2008

20 años de movilización ciudadana (1988-2008)


Una catástrofe fue la que enseñó a los mexicanos que el régimen en que habían depositado no sólo su confianza sino que habían permitido con cierta resignación el cauce totalitario de sus destinos no tenía la fuerza suficiente para impedir las desgracias. El aparato priísta, el Gargantúa de los excesos o bien Saturno que devora a sus hijos no pudo —porque es obvio que se trataba de un imposible— evitar el terremoto que asoló a la ciudad de México, en 1985. No se trataba únicamente de poner en evidencia la debilidad del gobierno, sino de mostrar que sin la ayuda de la sociedad civil, la desgracia hubiera pesado aún más.

Tras la pesada y dolosa reconstrucción, el pronóstico era un cambio a muy corto plazo y en las tres posiciones: económica, política y social. Partidos como Acción Nacional ya comenzaban a perfilarse como una fracción que podía enfrentarse a la pesadez del aparato Estatal. Para la campaña presidencial de 1988 un candidato fue clave en el proceso del partido blanquiazul, Manuel J. Clouthier, él formaba parte de los nominados “bárbaros que vinieron del norte”. Se trataba de un panismo ya secuestrado por los empresarios de ala conservadora.

Por otra parte, la izquierda mexicana se vio coptada repentinamente por fuerzas que recién se habían escindido del Partido Revolucionario Institucional: Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo eran los que encabezaban el nuevo movimiento. Para los resultados de la elección presidencial ni ellos mismos tenían idea del fallo de la Secretaría de Gobernación: 51 por ciento de la votación favorecía a Carlos Salinas de Gortari (candidato del PRI), 30 por ciento al candidato de la coalición (Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional) y 15 por ciento al panista Clouthier. El juicio popular defenestró el resultado de Gobernación, pero en aquel entonces no existían tribunales electorales donde se pudiera mencionar o dirimir cualquier diferencia.

No pasaron cien días de gobierno cuando Carlos Salinas de Gortari asestó el primer golpe duro de su administración (con esto debemos recordar que las “inauguraciones fastuosas” no son invención de Felipe Calderón). El 10 de enero del año de 1989 se aprendía la máximo líder del sindicato petrolero, Joaquín Hernández Galicia, la Quina. A Salinas le esperaban las vacas gordas, subida de precio del petróleo, certificación de los Estados Unidos por la lucha contra las drogas y la firma de un Tratado de Libre Comercio con América del Norte que liberaría algunos monopolios de burocracia y corrupción existentes en México. El genio maligno resquebrajó las bases ya carcomidas e instauró su propia corte de corruptelas. A la mitad de su mandato, el 75 por ciento de los mexicanos opinaban que se trataba de uno de los mejores presidentes que había tenido México; pasado el levantamiento armado en Chiapas y el asesinato al candidato presidencial oficial, los nubarrones comenzaron a aparecer. Sólo a unos cuantos días de que Carlos Salinas entregara la banda presidencial a Ernesto Zedillo Ponce de León, todos los mexicanos nos ufanábamos en mentarle la madre al ex presidente.

Pero la herida quedó abierta, lo que logró Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 (que repito, fue por una escisión del mismo PRI y no por una renovación de la izquierda) demostró a los mexicanos que era tiempo de comenzar a decidir y que frente a las arbitrariedades del Estado ya no es posible quedarse callados.

Este año que comienza deben tomarse en cuenta los factores que fueron decisivos para tomar el camino que puede llevar a la democracia. Luego, quizá muy luego, vendrá la exigencia de cuentas limpias.

viernes, diciembre 28, 2007

Inocentes, los de siempre


Esa fracción burguesa, chabacana y manirrota de la sociedad occidentalizada es la que hoy se gastará en bromas a sus semejantes quienes cándidos o estúpidos van a caer en las travesuras que conmemoran el día de los inocentes. “Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día, nada se debe prestar”. Y todo a colación de que el inventado evangelista Mateo consignó en el capítulo dos de su relato un pasaje que ha provocado la imaginación y la calentura de castos y pecadores, allí se fantaseó con que unos magos provenientes de Oriente se apersonaron ante el cabroncísmo rey Herodes y le comentaron sobre el otro rey, “el verdadero”, que había nacido en una aldehuela próxima a la Jerusalén. Anden y rindan ustedes los honores necesarios a la investidura del niño-rey, después pasen a visitarme para enterarme del lugar exacto y pueda yo cumplir con las obligaciones de mi alcurnia.

“…Herodes, al ver que los magos lo habían engañado, se enojó muchísimo y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores, de acuerdo con los datos que habían proporcionado los magos” (Mateo, 2:16). Y a partir de tal cometido, cuentan que el emperador Cesar Augusto dijo que ante Herodes era más peligroso ser Hijo (Huios) que cerdo (Hus). Pero es a partir de que el imperio romano dictaminara al cristianismo como su religión oficial cuando el imaginario colectivo comenzó a generar las historias surgidas a partir de la Biblia. ¿Cuántas historias conocemos que tienen como punto de arranque la matanza que ordena Herodes? El tal “Mateo” ni siquiera se imaginaba que iba a consignar uno de los tantos actos sangrientos que se relatan pero que daría mucha, pero mucha cuerda a locos y a cuerdos.

Por eso cada veintiocho de diciembre, fecha en que la tradición calculó que había ocurrido la masacre, los burguesitos juegan a hacer inocentes a los tontos que caen en sus redes, otros burguesitos que aceptan la broma y buscan a otro sólo para intentar el desquite. Y la tradición marca que si es una prenda la que se solicita, o una cierta cantidad de dinero, se regresa junto con un caramelo y el recado bobalicón de la “inocente palomita”.

Mientras los juegos y las bromas corren, los verdaderos inocentes seguirán respirando en su pobreza. Como los esclavos disfrazados de albañiles que construyen los hoteles de gran lujo en la Riviera Maya. Ellos, campesinos chiapanecos que de pronto se engancharon tras el sueño de un trabajo mejor remunerado pero que terminaron en un infierno que cuando ellos abandonen, se convertirá en el paraíso de cinco estrellas. Del infierno al cielo; allí donde las manos morenas y las lenguas distintas al español edificaron lo que jamás será suyo, las tetas lechosas de las europeas y norteamericanas tomarán un colorcillo dorado.

Inocentes también los aproximadamente seis mil niños de Recife (noreste de Brasil) que llevaron su carta de Navidad a la oficina de correos y la adhieren a la pared, para que los ciudadanos puedan leer sus peticiones y en medida de sus posibilidades, cumplir con algún sueño. De diez mil cartas que llegaron este año, seis mil piden comida. ¿Quién carajo desea un caramelo cuando lo que falta en su casa es al menos una taza de harina? ¿Y los otros miles de santos inocentes que pululan en las calles de megalópolis como la ciudad de México? Niños de la calle, drogadictos, mendigos, locos y desesperanzados. A ellos que la propia vida les regale hoy con el recadito de la “inocente palomita”.

Y si se trata de evadirse, yo de “Los santos inocentes” prefiero quedarme con la novela de Miguel Delibes y luego, ¿por qué no? con el filme de Mario Camus.


miércoles, diciembre 26, 2007

Los rescoldos navideños


La pregunta siempre mueve a esbozar una sonrisa maligna: ¿cómo te fue de Navidad? Y es que depende a quién se le formule, la respuesta será variopinta. Nunca faltan los ilusionados, los que se declaran en banca rota, los que sufren de empacho por los excesos alimenticios y de bebida, los que tenemos el síndrome del señor Scrooge, los que se la pasaron en familia o en la disco, los que con tres vasos de sidra danzándoles por la cabeza declararon sus más fervientes odios, los que se disfrazaron del barrigón santa Clos, los que recibieron como regalos puras cosas útiles, los que en su vida han leído ni leerán y recibieron un libro de regalo o en el caso más extremo, aquellos que se obsequiaron a sí mismos.

Tenía un amigo que al declarar sus manías por estas épocas, decía que buscaba una habitación en el hotel más pulguiento de la ciudad y pertrechado con botellas de vodka, jugo de frutas, botana surtida y revistas pornográficas, se encerraba a piedra y lodo sólo para evitar la cansada ceremonia de los abrazos y parabienes. Cuando volvía a salir a la luz pública y sus conocidos y parientes le preguntaban dónde había pasado tan loables fiestas, él respondía siempre que salía a otras ciudades y se decantaba por los hoteles de lujo que ofrecían a sus huéspedes sendas y bien regadas cenas, en las que se incluía un espectáculo de cierta categoría y el final de su relato siempre lo coronaba con el cuento de que se había ligado a una gringa cuarentona con la que, decía, había sostenido homéricas batallas de sexo. Una vez le pregunté si a esas cenas no asistía alguna francesa o italiana y ese, sin dudar un poco, me decía que sí, pero que carecía de habilidades políglotas. Meses antes de que él muriera, durante una charla, me contó que todas las aventuras sexuales relacionadas con la Navidad se trataban de un embuste, pero que los relatos eran tan vitales que tenía planeado escribir un libro sobre los mismos. Jamás ocurrió.

Otro caso fue de un político de medio pelo. Se trataba de un cacique-líder magisterial que contaba, en la legalidad, con unos tres matrimonios y a la sombra de lo permitido, con otras tres mujeres. Once eran los hijos en total (a dios gracias todos con su respectiva plaza de maestros) pero como por separado todas las mujeres le traían problemas, en fechas donde se supone que reina la paz y el amor, no estaba lo suficientemente loco como para juntar a todos en una bellísima cena tribal de dieciocho integrantes. En tono de broma le añadí que se complementara con la cocinera, mesero, portero y un sobrino y ya con veintidós a la mesa, pues que organizara un mini campeonato de fútbol y de paso servía para iniciar la digestión. Sólo para evitarse sorpresas prefería velar solo, escuchar música clásica a todo volumen —insistía en que la banda encabeza por Ray Conniff alcanzaba la categoría de “sinfónica” con alta calidad— y anestesiarse con unas diez cubas hechas con don Pedro y hasta no verte, Jesús mío.

Ah, la Navidad de los que sí recibieron aguinaldo y tienen la oportunidad del excedente.


lunes, diciembre 24, 2007

El taxi que no era el trineo de santa


No se trataba de “Rodolfo el reno”, aunque tenía la nariz muy enrojecida y es raro, porque según me explicaba un ingeniero químico que de unas décadas a la fecha el método para destilar alcoholes ha cambiado y sólo por eso, la imagen del borrachín con las mejillas y la nariz rojas se ha desterrado del imaginario. Pero este parroquiano sí tenía aquellas características y además, pude constatarlo al cabo de unos minutos, se llamaba Rodolfo, aunque su camarada le decía: “Ora, pinche Gordolfo”.

Los pasajeros del asiento trasero del taxi llegaron antes que yo. Pero el asunto fue así: vi estacionado un auto de alquiler a las afueras de un bar y aproveché para acercarme al conductor y preguntar si quedaba libre. Entonces Gordolfo, como si fuera patrón, me indicó que me subiera, que “ellos” me llevaban hasta el fin del mundo, si se me apetecía, claro; también si pagaba lo que costara el viaje, me dije. Esperamos poco más de ocho minutos y al fin apareció el amigo del simpático y rubicundo para indicarle que el ambiente de ese bar estaba muy desanimado, que las muchachas estaban muy feas y que se veía que la botana sólo eran cacalas con salsa. Impensable que allí siguieran la fiesta. Supuse yo que estaban festejando el trabajo de parto de la virgen María o el cumpleaños de alguno de ellos. Iba a dejar mi lugar del asiento delantero para sortear otro taxi cuando recordé que más vale maña que tiempo perdido: “¿Vas a escribir tu columna de mañana sobre la importancia o la impertinencia de la Navidad?”

Entonces acepté hacer de copiloto del complaciente taxista. Ya con el auto en marcha les corroboró: “Les dije, carnalitos, todas las pinches cantinas donde se pone bueno [el ambiente, la fiesta], están cerradas. ¿Qué se pensarán los dueños?” De la convulsa avenida Lázaro Cárdenas partimos rumbo a la zona de Los Sauces y en ese peregrinaje comprobé que Gordolfo era el personaje tacaño de aquel par. La discusión comenzó porque no se ponían de acuerdo en quién iba a pagar la suma que comenzaba a generar la búsqueda de sitios donde pudieran ver “peluches” y echarse unas “cubas”. Los dos arrastraban las erres, las íes y el diccionario completo, pero al fin acordaron que Gordolfo iba a pagar los rones mientras que el otro se ponía a mano con el chofer, quien gracias a la negociación hasta se quedó con un excedente de cinco pesos, pero esto motivó otro pleito. “¿Tienes mucho dinero, cabrón?” preguntó el gordo, “No seas desconsiderado con el señor, ¿no ves que nos está ayudando a buscar la cantina?”. Pero el otro insistía: “¿Para que le regalas cinco pesos? Ni a mí me has regalado nada en tu vida y a él le das dinero”. El coloquio prometía sabrosas florituras verbales, pero llegamos al destino.

La cantina anhelada, la dulzura del ron deshaciéndose entre sus lenguas se trataba de una pesadilla. Estaba cerrada. Hasta yo, que sólo viajaba en calidad de testigo, me uní al colectivo: “No chinguen, eso no hace dos días antes de la Navidad”. Pero sí que se hacía y esto sólo demuestra que el espíritu de los previos a la Nochebuena ha invadido al sector cantinero que promete alegrías, muchachas y desplumaderos seguros. ¿Y ahora qué pasaría? La cuenta de los viajes —cinco en total— ya estaba saldada y si ellos no se bajaban allí, pues se generaría otra, que no estaba contemplada. Y para las pulgas del Gordolfo, pensaba yo. Parecía el fin de la aventura hasta que…

Gordolfo dejó escapar un grito al que siguió un salto. “Manito, llévanos aquí a la vuelta, ahí está La Chispita, compadre, y de seguro está abierta”. El simple hecho de imaginar la milimétrica circunvolución sobre la corteza cerebral y las neuronas del gordo, pues no era para menos que conmoverse. Supongo su desconcierto y la operación mental: zona Los Sauces+cantina cerrada+cercanías+La Chispita+que no cobre la dejada.

Y así fue: “Señor, usted que es tan amable, llévenos a La Chispita, yo le voy diciendo por dónde, total, que está aquí bien cerca”. Y tras avanzar dos calles, dar vuelta a la izquierda, una calle más y la última vuelta a la derecha, por fin, la cantina abierta y frente a ella, también el Bar Pepe´s ofrecía motivos para chocar las copas. El taxista dudó unos momentos: “¿En cuál los dejo, mis jefes?”. Gordolfo tronó enseguida y le dijo al compadre: “De una vez te digo, nada de llevar viejas a la mesa, nomás las vamos a ver de lejos y con eso”. El compadre aceptó a cambio de que su amigo invitara las primeras rondas: “Cuando yo pague es mi dinero y si quiero llevar una vieja, la llamo”. Y por fin entraron a La Chispita, abrazados, tambaleantes, arrastrando las erres, las íes y el diccionario completo.






viernes, diciembre 21, 2007

Motivos para querer al señor Scrooge

Si a estas fechas, alturas y horas aún le quedan ganas para hacer fila durante más de ochenta minutos sólo con el fin de comprar un frasco de aceitunas y una botella que guarda doscientos mililitros de aceite de olivas, si aún le quedan ánimos para acompañar a su mujer a recorrer, sólo por quinta vez, la misma zapatería… si todavía le queda al menos el veinte por ciento de su aguinaldo; si cree en que por estas épocas los humanos van a morir por abrazar a quienes odiaban, sólo por obra y gracia de que se conmemora el nacimiento del niñito Jesús… pues no lea lo que sigue.

Ahora sobran los motivos para afiliarse a las huestes de oscuro personaje trazado por Charles Dickens. ¿Qué asalariado no comprende, a cuatro días de iniciar la Navidad, los motivos y las razones del señor Ebenezer Scrooge? Y es que como ya se nos pasó la jiribilla dadivosa, el espejismo de la bonanza y apenas comenzamos a percatarnos de los faltantes en la alacena, los estados de cuenta en las tarjetas de crédito y los penosos días que aún faltan para brincar la tranca de fin de mes, el anciano avaro, rabioso y solitario ya no nos parece un ente salido de los infiernos. Lo comprendemos y hasta nos causa una sensación de tener la calidad de un héroe mal comprendido, del que fue un prócer para terminar en la vil caracterización de villano.

Así como existen las cofradías para ciertas adoraciones nocturnas y perpetuas, también deben inaugurarse las congregaciones para los afectados por Navidades y abrirse en varias y dignas categorías. Es que la nochebuena y el día glorioso no afectan igual a todos los seres humanos que caen en sus redes. Deben estar por separado los empachados y diarreicos de los crudos y los que aún que siguen borrachos; claro, a menos que se piense aún que la aspirina es la única panacea que de verdad cura los dolores que parten en dos al cuerpo. ¿Y qué hay de los decepcionados?, ojo, este grupo es formado en su mayoría por niños tontos que de verdad han creído que la carta que echaron en la caja del almacén (en la que sus padres le han comprado ropa a trece mensualidades sin intereses) fue a dar al Polo Norte, a donde se ubica la maquiladora de juguetes que regentea papá Noél, alias el “Santa Clos”.

¿Y las cofradías para los defraudados? Claro, esos que compraron el gran juego electrónico y que a la hora de la hora ya no funcionó y que están echando madres y que se pasan la tarde gris y que se ponen tristes y que juran que para la siguiente ya no creerán en las bondades navideñas sino en la magia de los santos reyes magos.

Una cofradía para los que tuvieron gusto y terminaron en disgusto.


miércoles, diciembre 19, 2007

Aguinaldos… ah chingá

Foto: Isa


Los que crecimos frente a la televisión de los años ochenta del siglo que se nos fue recordamos la cantaleta decembrina que repetía: “Abe, Abe, Abelardo: ya no gastes tu aguinaldo”. Veintitantos años después ya los medios de comunicación electrónicos ni siquiera recuerdan aquello y contratados y captados por las campañas publicitarias se encargan de bombardear al ciudadano de a pie con el gancho de que todo, todo el dinero, debe quemarse como la pólvora de los juegos pirotécnicos: rápido, de buen modo y a manera de dejarnos contentos.

¿Y no se trata, en el fondo y la superficie, de convencernos que la canción va sólo por un dulce espejismo? Dulce porque nos hace pensar en que “sí podemos” adquirir hasta las baratijas menos indispensables, espejismo porque sólo tarda unos cuantos días. A fin de cuentas es una embriaguez subida y súbita pero con resacas de aquellas que nos provocan exclamar: “Ay, Dios mío, si con la borrachera te ofendo, con la cruda nos ponemos a mano”. Pero es obvio que jamás vamos a exclamar: “No lo vuelvo a hacer”. Porque en el fondo se trata de un reparto monetario que nos han inoculado como justo y que conforme suceden los últimos meses del año, pues lo añoramos con mayor pasión. De buenas a primeras la palabreja aguinaldo se transforma en la tabla de náufrago para saldar y salvarnos de la mote de deudores, para reparar en los gastos que provocan los desperfectos del lugar en que vivimos —o al que sólo vamos a dormir— y al fin de la historia sólo confirmamos el viejo resabio que lucía en boca de los abuelos: el que quiera comer pescado, pues que se moje el culo.

Y con los culos tersos por el polvo de talco o granulados por los barros que nos invaden como las obviedades de la edad, el aguinaldo sirve tan sólo para el breve derroche. Y aquí viene la piedra en el zapato, que el “aguinaldo” no tiene otra visible utilidad más que como para hacer sentir a quienes lo recibimos como un mero ciudadano del primer mundo, pero sólo durante unas cuantas horas, que no sobrepasan las ciento veinte.

El caso de quien escribe es más práctico. Una generosa parte de su aguinaldo fue a parar a la contabilidad de una tienda de artículos chocantes y necesarios para quienes padecemos el dictamen médico de padecer miopía, hipermetropía y astigmatismo. ¿No era más sencillo declararse un poquitín cegato y recibir las dádivas de un sistema de salud que permita ver como se supone que Dios manda? Pero cuando la dependienta de la óptica me convence de adquirir esas armazones que me vendrán a tiro de piedra y con pesar de no llevar más libros a casa estoy a punto de arruinar la dádiva que me han permitido mis patrones, ella dice: “Si usa tarjeta de crédito, tenemos un plan que le va a financiar sus ‘lentes’ con pagos a doce meses sin intereses”. ¿Y qué hago? Firmo yo tan incrédulo que me creía de estar firme hasta la última de las pocas convicciones rojillas que me quedan y que tras la autorización bancaria ya no es firmeza roja sino apenas rosada.

¿Y cuántas historias nos faltan por ver?

lunes, diciembre 17, 2007

Oprime la panza y dice “Te amo”

Pensemos en una ciudad de mediano pelo a una sobrepoblada. Ubiquemos a los habitantes que acostumbran visitar los sitios agradables, donde la decoración provoca que se crea en la Navidad. Luego habrá que pensar en una cifra. Mil setecientos pesos puede ser una cantidad nada despreciable en el bolsillo de un adolescente, como el excedente de los aguinaldos o como los puntos con que los sistemas bancarios dicen premiar a sus agobiados deudores. ¿Para qué sirven mil setecientos pesos en una época como ésta? Eso apenas son unas pocas cajas de licor de las decenas o cientos de las que se consumen en las comelitonas de fin de año, son algunos manjares cárnicos de la cena de Nochebuena, es la cuarta parte de una chaqueta de piel o puede convertirse en unos cuantos obsequios para arrancar la sonrisa a los demás. Una bicoca, dirán los acostumbrados a ganar bien y a gastarse los dineros del pueblo en sus viajes de representación, o ¿cuánto le gusta que cueste la sentada de cinco diputados federales en algún restaurante?

Ya se sabe, las épocas decembrinas traen su carga de malicia económica y de nostalgia. Lo que sobra del derroche se invierte en obras pías o se le da, convertido en monedas, a los pequeños que piden limosna o que cuidan autos en los estacionamientos de los centros comerciales. Quizá uno de aquellos niños, que parecen como salidos de un cuento de Charles Dickens, logre llegar a fin de mes a la cifra de los mil setecientos pesos y claro, sus tragos amargos le ha costado, porque no todos los derrochadores son dadivosos y no siempre el clima es propicio como para motivar a la caridad. Piense en los chiquillos que visten sólo una camiseta raída y que hacen el gesto número cien y con una voz lastimera entonan un desgarrador: “¿Señor, no me da usted mi aguinaldo?” y si el señor, la señora o la señorita vienen cargados —cual mulas de arriero vendedor de loza— con bolsas que protegen a la ropa nueva, las zapatillas o los perfumes, pues algo sobrará en los bolsillos y de poco a poco las monedas contantes y sonantes se convertirán en los mil setecientos pesos.

Mientras se festeje el nacimiento de Jesús con esos tintes de moralina, pues habrá Navidades agraciadas y desgraciadas al mismo tiempo, según le toque a cada uno su lugar en el carrusel de la vida. Pero este asunto se restringe sólo al mundo cristiano, que no es ombligo del universo sino apenas una tercera parte de la población mundial. ¿Qué los asiáticos, los musulmanes y los hindúes no ponen arbolitos de Navidad y cantan al ritmo del atiborrado cuerpo de papá Noel? Pues que no, que las Navidades son un buen negocio sólo para aquellos sojuzgados en ciertas partes del mundo.

Por eso a las trabajadoras de las empresas chinas que se dedican a confeccionar los peluches que consume el mundo occidental, esto del niño Jesús, los caramelos de menta con forma de bastones y las campanillas, pues les tienen sin cuidado. Ellas sólo conocen de ser rápidas, como la joven Wen Xiqi, quien tiene veinticuatro años y vive-trabaja en una fábrica que está apurada en surtir un pedido, el que se venderá en la época de san Valentín. Wen Xiqi trabaja con prisa, sus manos son lo suficientemente hábiles para coser ciento veinte osos de peluche por hora, durante su jornada laboral que va de las 10 a las 15 horas y gana por mes sólo un aproximado a los mil setecientos pesos. A ella qué le interesa si del otro lado del mundo se echa la casa por la ventana o hay familias dignas de un cuento de Dickens o si el veinticinco de diciembre nos vamos a besar. Ella no se interesa por esas cosas sólo por dos razones, la primera es que no habla español y jamás comprenderá el “Te amo” que sale de la panza de los osos de peluche que rellena. La segunda, porque nadie le ha predicado la verdad verdadera del Salvador del Mundo y entonces no comprende muy bien eso de los festejos decembrinos, sólo tiene en mente llegar a fin de mes con su marca incólume: coser mil doscientos peluches al día.

martes, diciembre 04, 2007

Observatorio cultural Veracruz


Las bitácoras personales electrónicas o “blogs” surgen constantes y se multiplican de una manera impresionante porque hay varios motivos para no perderse la posesión de una de ellas: son gratuitas, cada usuario diseña el espacio, soportan una generosa cantidad de materiales (que van desde el texto, que cada vez pareciera menos útil; la fotografía, la animación y el video) y por si fuera menos, la mayoría de las compañías que regalan estos sitios permiten que otras personas incluyan comentarios o enlaces. Se trata de posibilitar una verdadera comunidad virtual con bien pocas desventajas, pero que son las obvias para quien se anima a sostener su propio sitio y es que de vez en cuando algún impertinente escriba majaderías o espete con verdades; el atrevido o el bonachón tienen además la posibilidad de hacerse “públicos” o “anónimos”. Pero del suelo o del espacio imaginario —será: virtual— no pasa.

Y como toda herramienta surgida por y de la informática que emplea la red electrónica, pues aumenta su número de usuarios. Los motivos que cada quien tiene para mantener su “blog” son tan variopintos que van desde lo interesante, pasan por lo curioso, otros se detienen en lo absurdo, algunos son hilarantes y otros pornográficos. Ya en Veracruz pasamos la experiencia de una bitácora que mostraba a mujeres desnudas, lo cual no hubiera sido motivo de escándalo si “el autor” dejaba de lado santo y seña de las modelos allí retratadas, pero aquel pozaricaldesnudo se instaló en miles de computadoras de la entidad y las lenguas viperinas y las miradas hipócritas comenzaron a hacer lo propio.

Para quien no regurgita ocios es ventajoso cuando estos sitios se crean para lo que fueron ideados: divulgar información que en los canales “normales” no tiene cabida o bien oportunidad de hacerse pública. Las publicaciones que emplean el soporte físico del papel son cada vez más costosas y si a esto añadimos que la distribución es una mala jugada por la sufren infinidad de “materiales culturales”, la bitácora electrónica es una de las opciones más honestas. Como a diario se crean miles de bitácoras, reseñarlas sería un cuento de no terminar y al cabo, interesaría poco al lector habituado al medio impreso. Pero vale sembrar duda o interés o sospecha para una recién creada: “observatorio cultural Veracruz”.

Este nuevo “observatorio cultural Veracruz” está creado en la red desde el 21 de noviembre del año en curso y cumpliendo con lo anunciado, la primera entrega (post, en el argot de los navegadores de “blog”) se publicó ayer, tres de diciembre; los autores han escrito que será cada dos semanas cuando se incluya cada entrega. Se trata de un buen ejercicio por parte de cinco reconocidos creadores, promotores y estudiosos del fenómeno cultural en el estado de Veracruz, aunque más bien centrados al ombligo o a la esponja de la entidad: la ciudad de Xalapa —¿qué le vamos a hacer? si en todos los sitios el centralismo provoca urticaria. Los firmantes del sitio son: Oscar Hernández Beltrán, Isthar Cardona, Ahtziri Molina Roldán, Ariel Montalvo Torres y Manuel Arias Leal. El objetivo al crear el espacio es básicamente para que se propicie el diálogo sobre ese plato que provoca, anima, alimenta e indigesta: la cultura.

Como foro, el sitio va a demostrar la solera porque una de las ventajas de las bitácoras es que pueden ser consultadas desde cualquier territorio que cuente con servicio a red y “comentado” por quien así lo prefiera. Un punto a favor del observatorio, porque sabido es que al interior y exterior de los gremios culturales de Xalapa, de Veracruz, de México y del mundo, se comparte una característica: todos se odian y nadie tiene el mérito suficiente para ser reconocido por los demás. Así que en este caso no se puede esgrimir la tan socorrida excusa de no asistir a la reunión porque habrá los invitados que incomoden. Total, los creadores de la bitácora han puesto una limitación, no difamar a personas o a instituciones. Eso le quitará el picante, claro y lea lo que sigue de corrido, porque de lo contrario pierde la intención maledicente: el no becario jamás podrá anotar intimidades del becario pero que le platicó otro que solicitó la beca pero que llegó tarde cuando el plazo de recepción de solicitudes estaba por cerrar y por eso sólo por eso aquel trozo de imbécil se llevó la beca. No. “Observatorio cultural Veracruz” se inicia en la red como una propuesta seria. Ya hacía falta.

lunes, diciembre 03, 2007

Nuevos patinadores o “Aztecas on ice”

Imagen: El Universal


Contra los rumores de que se trata de una locura, contra las maledicencias de que el dinero invertido se hubiera empleado en causas más nobles y contra el viento y marea, la pista de hielo sobre el Zócalo —plaza mayor, que eso de “zócalo” sólo viene de una costumbre de nombrar las cosas cuando no se han terminado, pero es otro cuento— viene a reforzar aquello de que somos un país surrealista. ¿Y qué se esperaban los detractores del jefe de gobierno? Marcelo Ebrard inauguró la pista y orondo, contento y primoroso dijo que vino a dar el palmo en las narices al situar a la capital del país al mismo nivel de ciudades como Londres, París o Nueva York. Seguramente para demostrar hasta dónde llega su inspiración, en la temporada de primavera 2008 se le ocurrirán otras novedades…

El jefe Ebrard no escatima en el ingenio mexicano. Para no quedarse atrás con respecto a otros regentes o jefes de gobierno que le antecedieron, él hizo lo propio, mandó que entrenaran a los policías que van a cuidar por la seguridad de los mil doscientos patinadores que abarrotan la pista levantada en el mismísimo ombligo del Anáhuac, y de qué forma, pues también que patinen. Lo que falla es la ambientación, ¿por qué uno de sus asesores no lo convenció de que a los cuicos los disfrazaran de santa closes, gnomos o renos? Pero si los disfraces enlistados eran tan atroces como agringar o europeizar la pista de hielo capitalina, pues igual funcionaban las caracterizaciones más tradicionales de las navidades a la mexicana, que para eso tenemos las pastorelas: diablos, Gilas, Batos, ángeles, borregos, mulas y bueyes. Total, con que le copiaran el estilo a los espectáculos de Miguel Sabido, pues no era cuestión de tatemarse los sesos. Ahora que también servían los disfraces de las botargas de doctor Simi, si los señores que representan a la ley el orden se iban de hocico, pues con senadas barrigas y nalgas de hule-espuma no habría cosa qué lamentar… con que a los monigotes les cambiaran la bata blanca por una roja, pues ya quedaba.

Y es que los regentes y jefes de gobierno anteriores a Marcelo también han querido pasar a la historia con su granito de arena. Quien camine por la Alameda de la ciudad de México verá que su seguridad es vigilada por unos charros a toda madre, montados en sus jamelgos y con sus sombrerotes de ala ancha; ninguno canta, tampoco vamos a esperar peras del olmo o guayabas de los magueyes, pero aquellos sí que están caracterizados.

Aquí hagamos un paréntesis necesario y echemos a rodar la imaginación, ahora que el cardenal don Norberto Rivera anda tan preocupado por su seguridad, pues que disfrace a sus custodios de “guardias suizos”, como los que le cuidan las narices a su santidad el Papa. Al menos eso consolaría el ego del primado de México: creerse Papa electo pero en el corazón de lo que fue la gran Tenochtitlan. Que Norberto Rivera le demuestre a Marcelo que no solo él puede trasladar el espíritu de las europas al Distrito Federal. Ay pero bien bonito que se vería eso, chicos orangutanes con sus medias de colores y su alabarda en la manita…. Y ya metidos a posibles, supongan ustedes que los cuidadores de las ruinas del Templo Mayor andan con su taparrabo, tilma y huarache; con que hagan sacrificios a la hora del crepúsculo… ¿qué tiene de malo soñar con que las autoridades terminarán por disfrazar al Defe de una Disneylandia, pero de proporciones descomunales?

“Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando” se lee en dos versos escritos por Pedro Calderón de la Barca, en el soliloquio de la pieza La vida es sueño. Y en ese mar de ilusiones que se han transformado en mero ilusionismo, se romperán los huesos, el hielo se manchará con sangre, muchas nalgas saldrán magulladas y otras muñecas torcidas, pero ¿qué caray? Dirán los accidentados: “Estamos a la par con Londres”, frase que la leyenda atribuye a las clases altas del porfiriato, cuando echaban un cubo de azúcar en la taza, luego vino la revolución, la guerra civil y el caos, entonces lo ricos también pudieron exclamar lo mismo que el pueblo llano: “Nos carga la tiznada”.


viernes, noviembre 30, 2007

Plan “exterminio chacuaco”

Foto: Carlos Manzano

Imaginemos una situación que provoque humor negro, quizá en el peor de los casos una escena del teatro del absurdo, pero que, igual y pronto veremos en las pantallas sólo como parte de una campaña en beneficio de la salud. Pongamos a un grupo de jóvenes de esos que tienen aún los nervios en su debido sitio en la mitad de una noche de antro. La ciudad, de preferencia debe ser la capital de la república mexicana (aunque con el tiempo dará lo mismo anotar: “cualquiera del país”). En lo personal, para esto me acomoda algo así como un local en la Condesa. Sigamos; hemos dejado a estos chicos en mitad de su noche, con los cuerpos sudados, la ropa más ajustada al cuerpo, los ánimos a punto de estallar y uno de ellos saca de la bolsa de su camisa una cajetilla de cigarrillos y de la bolsa de su pantalón un encendedor, está a punto de satisfacerse con la primera bocanada del rato, con esa microscópica carga de nicotina, alquitrán y mil porquerías más que entran a los pulmones, aceleran el pulso, marean un poco y luego de alterar ligeramente el sistema nervioso, lo deprimen. Pero de repente, cuando el chico está a punto de ejercer su derecho al enfisema…

Las luces del antro cambian del multicolor al blanco total, casi de halógeno. El resto de los chicos abandona su postura laxa y divertida para tomar una actitud rígida, casi marcial y con la mano derecha lo señalan, con el ánimo de: “Allí está el grandísimo hijoeputa”. Ellos gritan a coro: “No”. Ya sé que hasta donde va la lectura esto ya suena a retintín del Consejo de la Comunicación; pero a fin de cuentas se trata de eso, de una moción tan sosa como ineficaz. El caso de tanto alboroto debe ser porque ya habrá entrado en vigor la nueva ley de fumadores, o contra ellos, o la que protege a los no fumadores o ¿será la que cuida el medio ambiente? o más simple, ¿la que pretende importunar el gran negocio de las compañías tabacaleras, si que es los monopolios nacionales permiten la existencia de más de una? Entonces debe ser una jovencita, de moda guapetona (léase: bulímica) la que sale al quite de los que juegan a las estatuas de marfil y dice al vicioso: “¿No sabes que como en este antro no hay barrera física, no puedes encender un cigarro? Qué mal pedo, piensa en nuestra salud”.

Si los asambleístas del Distrito Federal han logrado que el presidente Felipe Calderón aumente sus dosis de aspirinas, que Marcelo Ebrard, jefe de gobierno capitalino, beba infusiones de tila y que los grupos más recalcitrantes se paren en puntillas, ¿por qué esta vez no van a poder con la famosa “ley de fumadores”? Si es algo sensato, pues habrá que medir si conviene más prohibir fumar en locales de uso público o mandar construir las famosas barreras que piden. Esto de la barrera se trata de levantar un parapeto que delimite el 30 por ciento del total del sitio, donde se supone que van a confinar a los que sí son fumadores. El 70 restante servirá para que los “sanos” disfruten el espectáculo al observar cómo se contaminan los viciosos, porque resulta que las áreas de no fumadores ocuparán mayor espacio que las otras. Y aunque esto apenas se trata de una propuesta para reforma, en cuanto Marcelo diga que sí, a repensar los espacios y levantar bardas.

Los asambleístas que están promoviendo la nueva ley argumentan que se trata de cuidar la salud de los capitalinos. Bueno, es como si los capitalinos no supieran en realidad cuál es la calidad del aire que allí se respira. Pero ¿cuál va a ser la postura de las compañías tabacaleras? En caso de que la iniciativa pase a ley los intereses de los productores y expendedores se verán mermados, ¿y qué hay de los dueños de los sitios que deben mandar levantar las barreras físicas? ¿A poco los dos o tres últimos y bucólicos cafés de Coyoacán, donde no hay más de diez mesas, van a poner paredes de cristal para aislar tres de sus mesas y meter allí a todos los fumadores? Comienza el estira y afloja, ¿quién ganará, la razón o el dinero?

jueves, noviembre 29, 2007

El telefonito móvil, cacharro riesgoso


La telefonía móvil ofrece cada vez un mayor número de ofertas y los usuarios aprovechan la oportunidad, es parte de estar al día o permanecer en la moda. Aunque algunas asociaciones sin fines de lucro y con afán de servicio han sido específicas, la tentación de sacar el unto máximo de la inversión en teléfonos portátiles es siempre una barrera que no muestra resistencias. El usuario común ya no se conforma con el mero sonido de un timbre sino que, para demostrar hasta dónde valora su inversión, fotografía los rostros de las personas que tiene como contactos, asigna datos importantes de sus conocidos (nombre completo, dirección y hasta fecha de cumpleaños) y dispone, incluso, de un tono de timbrado para cada usuario; por si algo faltara, hay quienes optan por incluir videos con las gracias que hacen los pequeños hijos. Y por qué no, siempre es bueno tener cualquier cantidad de datos a la mano… sólo por lo que se pudiera ofrecer.

Pero son las asociaciones que tratan de prevenir el delito las que se han comportado de manera más puntillosa en los últimos años. Que no, que en la memoria del cacharro sólo incluyamos el primer nombre de los conocidos e iniciales de los apellidos, que nos abstengamos de fotografías y menos aún de los videos reservados más para la vida privada. Aunque si el apego o el cariño a la familia y a los seres queridos se demuestra por la cantidad de información con que se lleve consigo, la cartera o el monedero ya no bastan… ¿será conjuro, embrujo o simple chantaje sentimental traer las fotografías tamaño credencial aprisionadas entre las tarjetas de presentación de profesionistas a quienes seguramente nunca vamos a contratar? Hay que efectuar la prueba del humorcillo coloreado a rosa-sentimiento-de-coraza-desternilladora y observar que la realidad implicará cada vez más precauciones, ¿a qué se juega con extraviar o ser víctima de hurto de un teléfono con datos que revelan la identidad de la familia e incluso de otras personas más próximas?

Y como sucede en nuestro país, tenía que ocurrirle a los pupilos del palacio Legislativo de San Lázaro, los diputados, para que los senadores se pusieran de acuerdo y agilizaran desempolvar la ley sobre telefonía y que permitirá tener los datos de las personas que adquieren teléfonos móviles. Cuando unos truhanes intentaron chantajear a diputados federales, entonces ellos, turbados porque fuera real la amenaza de que sus hijos estaban secuestrados, comprendieron que en México se nubló el horizonte desde el día en que los aparatos de comunicación inmediata se vendían a tontas y locas, sin el mínimo de control. Y eso que la estupidez del expresidente Vicente Fox quiso emparejar la bonanza económica con la cantidad de teléfonos móviles que existen el en país, nada más la friolera de más de 59 millones de aparatos en un país donde hay sesenta millones de pobres. ¿Qué tal?

Pues que entonces sí van a controlar. Veremos adelante y no por ser mal´rvolos, pero ojalá y molestaran un poco más a los diputados.






miércoles, noviembre 28, 2007

¿Dónde se hacen las humanidades?


Los cenáculos de la academia son de por sí detestables. Las reuniones de profesores de Lengua y literatura que se congregan para analizar los problemas a los que se enfrentan en el aula son igual de estériles que planear la reforma educativa a fondo. Ya se sabe que antes de sentarse a “imaginar” lo posible de mejorar la enseñanza, las mejores intenciones se quedan muy cortas cuando antes hay que enfrentarse a las plantas carnívoras que suponen desde los sindicatos hasta las propias instituciones oficiales. El problema no es solamente encarar la inercia que presume el sistema sino advertir que cada grupo de jóvenes, que cada generación, representa tanto una historia como un reto diferente a los que, obvio, el profesor debe encarar junto con los alumnos para lograr así el tan anhelado hecho educativo.

Lo anterior puede leerse como apocalíptico si nada más quedamos en el planteamiento de que todo está mal y que no se puede ir para adelante. Quizá el reto de la enseñanza de la Lengua y literatura y de otras asignaturas relacionadas con las Ciencias sociales, las Humanidades y las Artes es el de afrontar la falla de origen. Los alumnos de educación media y de superior arriban a las aulas sin un conocimiento previo que permita el avance lógico o el planeado dentro del mapa curricular. El profesor responsable sabe que debe sacrificar el tiempo proyectado sólo para retroceder y lograr los encuadres comunes a su asignatura y en ello se va la mitad del curso. Lo que viene a continuación es una pelota que bota y rueda mal, bien porque o nunca fue pelota o porque jamás se infló de una manera adecuada.

En el tristemente extinto Instituto Literario de Veracruz, al menos bajo la dirección de Rafael Antúnez, la nómina de profesores jamás aceptamos que se tratara de una “escuela para escritores”. Habernos colocado tal etiqueta habría sido un timo para el alumnado que asistía y pagaba sus colegiaturas. Aquello era más bien una academia donde unos profesionales de la escritura —creativa, periodística o de investigación— dábamos algunas guías o mapas que evitarían las vueltas innecesarias en el proceso de la escritura, sólo eso. Pese a todo el problema también era único: los asistentes no tenían un conocimiento previo o una hechura literaria. A pesar que Rafael Antúnez fue puntilloso en seleccionar al profesorado, los resultados no fueron boyantes; aunque el entonces director marcaba un mínimo para impartir cátedra: haber publicado al menos un libro en los últimos cinco años. Un nueve de noviembre del año 2005, cuando recibí la invitación para dictar el curso “Periodismo y literatura” y meses después “Cine y literatura” y luego “Ensayo”, pregunté al director sobre el plan de estudios. Me dijo que era libre.

No está mal. Yo soy hasta diciembre profesor titular del taller de Creación Literaria en el Colegio Preparatorio y los planes que idean los haraganes de escritorio no sirven para aplicarlos en el aula. Desde 1992 no hago caso a los cuadernillos tontos que no dicen más que: “Haga que el alumno escriba”. ¿Escribir sin leer? ¿Y de qué carajo? ¿Que escriban del aire? ¿Qué cuenten cómo se tiraron un pedo en mitad de la madrugada? ¿Qué ignoren que antes de nacer les respalda toda una cultura? ¿Qué narren su propia soledad? ¿Qué no sepan que antes de sus ideas estaba Platón? Escribía Sabines: “yo no sé de cierto” pero lo que sí sé es que mis estimados pupilos comienzan a leer y saben que un libro cuesta y en los últimos dos años, casi, asisten a mis clases.

El futuro para la formación de nuevos lectores es algo como la rifa del tigre, mientras todos sigamos a tontas y a locas.


martes, noviembre 06, 2007

La agenda nacional con prioridad Tabasco

Foto: El Universal

Las notas se encumbran a todo lo que da. Mi presidente aparece a diario en los primeros cuadros de las tomas que hacen los camarógrafos, los gobernadores de mi país declaran lo que sus jefes de prensa han tenido a bien remitir a las agencias informativas, “No los dejaremos solos, vamos a ayudarlos” y aunque el gobernador de Tabasco está un poco más liado, también declara. Las primeras planas de todos los periódicos tienen qué ver con la tragedia. Mi presidente quisiera transformarse en buzo y salir a nado, echarse un clavado frente a los comunicadores profesionales y los sicarios de información provocada por catástrofe, pero después de pronunciar una declaración dolida, lastimera. Y aquellos narrarán: ahora vemos cómo el presidente de la república se une a las labores de rescate y bla, bla. Mientras tanto, el mandatario extenderá sus manos para abrirse paso y en una elegante sincronía de nado: estirará la pierna izquierda al mismo tiempo que levanta el culo y por la boca, escupe un chorrín de agua.

Si uno de estos gobernantes, desde el presidente hasta los secretarios de despacho o los gobernadores habladores se unieran de verdad a las labores de rescate, pues no pasarían de pujar media hora y luego, tras resoplar y no hacer más que bulto, permitirían que uno de las docenas de mininos que los rodean, terminaran el trabajo por ellos. Lo demás es la mera foto ideada para la situación descrita en el manual de la hipocresía, en su fracción 50.047 del apartado “Catástrofes nacionales”. Sonrisas fingidas, tareas inútiles —¿qué puede hacer que un solo hombre llene un saco con arena, cuando lo que se necesitaba era millares de bultos para la contención del agua?— y demagogia. O a poco los lectores piensan que luego de cargar un bulto el señor presidente siguió en la chinga y luego de comer lo que se pudiera se largó a las labores de rescate y apenas tuvo oportunidad le llamó a Margarita nomás para avisarle que se verían en quince días. A poco los lectores serán tan ingenuos para suponer que las otras autoridades también le entraron de “a pueblo” y ya por la noche, en sus casas, sus lindas esposas ordenaban a sus lacayos que a los tipos les secaran con atención los dedos de los pies para evitarles la aparición de sabañones.

Mientras no pase nada que nos afecte más allá de la moral, los mexicanos estamos acostumbrados a mirar que la clase política, bien pertrechada en la aristocracia y el ejército, se mofe del pueblo conforme pasan las horas, los días, los meses y los años. Pero cuando las desgracias alcanzan a la mayoría, entonces la solera de la clase gobernante comienza a sufrir el vilo, la duda. Luis Rubio escribió el pasado domingo, en su columna del periódico Reforma, titulada Contraste. Lea usted un fragmento: “…ante las inundaciones de Tabasco. Ahí se han podido observar conductas ejemplares y una respuesta inmediata. Para comenzar, la capacidad de movilización del ejército es extraordinaria; el llamado “plan DN3” funciona tal como se espera. El contraste con la increíble incapacidad del gobierno estadounidense incluso para llegar al lugar de los hechos cuando el huracán Katrina avasalló a la ciudad de Nueva Orleáns es no sólo notorio sino impresionante. Allá tardaron más de una semana en llevar agua potable mientras que en Villahermosa el preciado líquido fluía horas después de que los ríos se habían desbordado”.

¿Le parece adecuada la opinión del doctor Rubio, director del Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC)? ¿Cuándo le gusta que el doctor entregue su colaboración, que debe ser bien pagada, claro, al editor de la sección editorial del periódico Reforma: dos días antes? Si es verdad, como afirma el académico que “el llamado ‘plan DN3’ funciona tal como se espera”, ¿por qué los cabezales de notas de la edición del lunes 5 de noviembre, al menos los del periódico El Universal, lo contradicen? Sólo voy a transcribir uno: Estima gobernador que 20 mil personas permanecen anegadas en sus casas. El resto queda al lector, pero antes con una cita a la columna Gaceta del Ángel (para que vean que en Reforma no todos son iguales), bajo el título Placidez dominical, Germán Dehesa firmo ayer, lunes: “Me encantaría ver a Madrazo, o a Andrade en la primera línea de los rescatistas. No están. Ellos cumplieron con no hacer las obras que ya habían sido aconsejadas como urgentes; no hicieron nada y desaparecieron. Quedamos nosotros, los ciudadanos de siempre, para ayudarnos unos a otros. La tarea es enorme y el propio gobierno federal nos ha hecho saber, cosa que antes nunca ocurría, que está rebasado y que precisa de la acción ciudadana que, por lo pronto, se traduce en dos tareas: el acopio de ayuda y su repartición”.

En Milenio ayer también se incluyó un trascendido… y si continúa la búsqueda en los medios, sólo dan ganas de arrojar la primera piedra, que el resto será lapidación.


jueves, noviembre 01, 2007

Sin puente y el tal Javier es una calavera


Día hábil, que de todas formas, gracias al decreto verbal del gobernador Fidel Herrera los niñas y las niñas de Veracruz en edad de estudiar y merecer no pueden faltar a la escuela. Adiós al puente del famoso “día de muertos” y a calentar los nalgatorios de las sillas, pero de todas maneras las fiestas ya estaban planeadas y esas no se posponen. Bueno, si es que a “fiesta” se le llama encargar un ciento de tamales, preparar chocolate caliente para remojar el pan de huevo, “pan de muerto” y no “Pan de huevo de muerto”, como lo promocionaba un cartel a las afueras de un expendio. Aunque las reuniones donde se consumen los tamales y se bebe el chocolate caliente son más orientadas a lo mexicano, pues también habrá las reuniones a la gringa, donde lo que importa es el disfraz con que el invitado asiste y lo de menos es la comida… un jalogüin como la moda exige y nada de calaveritas de azúcar o dulces de jamoncillo, que esas golosinas tienen por lo menos doscientas calorías cada una.

¿Qué tienen de malo las tamaladas? Pues sí, deben tener un punto débil para comenzar a perder el dominio que ejercían sobre los desastrosos jalogüines. Y es probable que se trate de mera lógica. Si llegan a organizarse en los lugares de trabajo, pues ya se sabe que los más gordos son los que se acaparan el reparto de los tamales, el servicio de escanciar las bebidas y el sacrosanto derecho a meter la mano en la cesta del pan. Si la comida es apetecible, esta raza de bien organizadas “hormigas arrieras” se las apañará para malversar un pan de aquí y un tamal de allá; pero si los sabores no provocan la lisonja al cocinero entonces los que se convierten en anfitriones sólo porque fueron de ofrecidos, no se cansarán en repartir los falsos manjares sobre todo, a las flacas con rostro de candidatas a presidir las futuras asociaciones de Anoréxicas. El caso es que las tamaladas de oficina suelen terminar mal, sobre todo cuando a los comensales se les ha pedido colaboración.

Las tamaladas caseras son más afables, pero la rebatinga es obvia. Allí son las tías gordas las encargadas de repartir la comida y el botín, las que hacen los envoltorios para terminada la fiesta y por supuesto las críticas. Pero al fin tamaladas, se convive y se cogen las tijeras que son capaces de cortar vidas, pero con el cariño que sólo emana la familia.

Los jalogüines son en cambio más prácticos, probablemente porque son más insípidos: no hay comida, bebidas calientes ni tías gordas o compañeras de trabajo que se apropian de la olla de los tamales. Basta con ponerse un trapo, o una venda y convertirse en el muerto viviente o la momia terrible. Si lo hacen los niños de cuatro o cinco, como Javier… un adulto no tiene mayores problemas.

Javier se llama el niño que por la mañana de ayer discutía con su madre porque él iba muy guapo o así lo pensaba él, iba al Jardín de Niños, con un traje negro y una máscara de plástico que por razones obvias —más de presunción que por líos de personalidad— no se quería quitar y eso que el calorcillo de las ocho y tantos de la mañana ya era un poco incómodo. “Javier, quítate la máscara y llegando al Jardín te la pongo”, pero a Javier las órdenes de la madre no parecían llegarle a los oídos. “Que hay mucha gente esperando el camión y no quiero pegarte” y Javier, un cabrón bien hecho, sólo alzaba sus manos y emitía un gruñido: “Grrrrrrrrrrrrrrrrrr”. La madre, ya colmada de los conatos de susto que le quería dar su hijo, aprovechó que de momento pasaba un taxi, hizo la seña de alto y de un tirón el pobre cuerpo de Javier, que era muy delgadito, fue a dar adentro. Yo dije: “Los monstruos no son tan fuertes pero este se va a divertir en su jalogüin”.

miércoles, octubre 31, 2007

Para los culturosos de la capital veracruzana

Grabado: José Guadalupe Posada

Rebeca Bouchez soñaba
a el Ágora como su feudo,
“Ya vas” le dijo la Calaca:
“Diez sexenios y a tu entierro”.

(Rebeca Bouchez, administradora de El Ágora de la ciudad).

Manolo Zepeda murió
de una terrible indigestión,
por callar: “Junio musical falló”
sin jamón y vino, llora en el panteón.

(Manuel Zepeda Ramos, director de Divulgación Artística de la UV).

Ferias librescas había muchas,
pero ninguna en camposanto,
hoy Sergio Villasana y sus mulas
en caravana mortal siembran espanto.

(Sergio Villasana Delfín, director del Ivec).

Que lo mío, lo mío es Fridarte,
decía la Mazzotti a la Catrina,
“Con tus talleres a otra parte,
y de las muertas nais te haces madrina”

(Frida Mazzotti, directora de centro cultural Fridarte).

Entre tenme acá estas ramas,
murieron virtuosos galeristas,
con Hugo Curiel por delante
encabezando a sus bobos artistas.

(Hugo Curiel, tenedor de galería Hugo Curiel).

Por más ruegos de Puchetta
Artes Plásticas fue a la quiebra,
el funcionario murió de rabieta
cuando el rector lo mudó por Estela.

(Javier Puchetta, director del Instituto de Artes Plásticas, UV).

Las fotos no eran para pendones,
protestó Miguel Femmat al morir.
En los cementerios no hay mesones
y sin película Kodak, ¿cuál sufrir?

(Miguel Femmat, artista visual)

En Tierra Luna están de luto
por muy extraño que parezca,
muerto Miguel y Marisol de ayuno
ya no hay dónde empezar la fiesta.

(Café teatro Tierra Luna).

El maestro Paco Beverido
directo fue a dar a “calacas”
y todo por haber impedido
un estelar a las buenas Parcas.

(Francisco Beverido, director de teatro).

Los pocos libreros de Xalapa
no entendieron su exterminio,
el negocio eran chelas y ecoturismo
porque libros, ni de a grapas.

(Gremio de libreros).

Roberto Williams y camaradas
expulsados ya del café Parroquia,
enseñan mitos nahuas a las calacas,
pues sin orejas, no hay quien los oiga.

(Roberto Williams García, antropólogo).

Con pulgas y piojos a Palo Verde
fueron a dar del Ivec los becarios,
que para rascarse la tiña a gusto
difuntos ni escriben, ni exigen honorarios.

(Becarios del Instituto Veracruzano de la Cultura).

Hosme Israel pregunto con angustias:
¿y por qué vine a dar al infierno?
“Porque vírgenes locas aquí no hay muchas
y como once mil ya hay en el cielo”.

(Hosme Israel, actor y autor del monólogo La virgen loca).

Fernando Swarcht rogó lacrimoso:
“No me lleves todavía Calaca”,
pero ignoraba el caprichoso
que la Catrina quería aprender rumba y salsa.

(Fernando Swarcht, bailarín y director del Cevart).

Sabino Cruz murió complacido
de su buena administración;
pero en su entierro se puso divo:
“Yo en el Recreativo, nunca en el panteón”.

(Sabino Cruz Viveros, director de Arte Municipal).

Carlos Miguel Prieto al tololoche
en la banda municipal del panteón,
él que en vida fue un fantoche
y de mil orquestas el único director.

(Carlos Miguel Prieto, ex director de la OSX).

Leticia Tarragó niega y reniega
ya finada pintar más calaveras,
pues con Vilchis comparte paleta
y juntos para siempre, de veras.

(Leticia Tarragó, artista plástica).

Músicos y locos en todas partes,
pero nunca como en Xalapa,
empleó la Muerte todas sus artes
y ya amenizan la eternidad al Papa.

(Gremio de músicos).