lunes, julio 11, 2005

El felchazo legalizado. Carlos y Emilio, olé.

Contentos, emocionados, escuchan la lectura del juez y al final unos versos de Pablo Neruda, ese poeta que según pronostican los que saben de amor es el indicado para comunicarle al ser amado cuánto se le quiere. Algunos besos de los asistentes a la ceremonia, las arras matrimoniales. Fotos por aquí y por allá, guiños, parabienes y ¿qué más decir si se trata de una boda? El verano español calcina, como en cada estío. Pero no ha sido impedimento para que la prensa se deje mirar; ¿qué tiene de extraño un casorio más? No son príncipes y están muy lejos de pertenecer a la alcurnia ibérica. Él trabaja como empleado en el Corte Inglés y él, el otro, es psiquiatra gringo avecindado en la España defensora de la fe católica, de Iñigo Loyola y Torquemada; la de los Cides y los Quijotes. Quizá porque los dos son hombres es tanto escándalo.
El escándalo para el mundo latino, ayer se contrajeron nupcias Carlos Baturín y Emilio Menéndez, una pareja que lleva 30 años de vivir juntos y gracias a que el pasado día 3 de julio la legislación española permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo, pues ya cumplieron sus ilusiones. Pese a la taquicardia nopalera de monseñor Rivera y los espiscopados hispalenses la pareja recibió los parabienes de amigos y por supuesto, la atención de la prensa internacional. En esta sala de redacción, tras el pitorreo y las bromas, el consenso fue que ellos tal vez echaron a perder su amor y si la legislación les permitió la boda, pues también les dejará la opción de divorcio, ¿no? Pero que sean felices.
A punto de transcurrir las primeras horas del martes (17:00 horas tiempo de México), la encuesta que el periódico español abc mantenía en Internet, pedía un “sí” o “no” a la pregunta: ¿Estás de acuerdo con la legalización del matrimonio entre homosexuales? El 24 por ciento decía que no, de aproximadamente unos mil trescientos votantes.
¿Hasta dónde se concibe evitar la contra natura? ¿Hasta dónde el matrimonio legal entre personas de un mismo sexo es deleznable? Si nos colocásemos del lado de uno u otro bando, con toda seguridad tendríamos que encontrarnos con razones que apuntalan su propio argumento. Quizá el verdadero tema es la tolerancia; no es tanto que en las grandes ciudades mexicanas se permitan los desfiles por la dignidad y el orgullo lésbico-gay. El que asista mucha gente no es indicador de nada en absoluto y sobre todo si partimos del supuesto que aún pertenecemos a una sociedad plagada de taras, fetichismos y sentimientos de pérdida.
El espejo de la sociedad globalizada es justamente la variedad. Si aceptamos vivir en un mundo plural querrá decir que formamos parte de lo que observamos y viceversa. Entonces, donde comienzan los puntos de desacuerdo se debe interpretar como ¿un miedo a destapar la verdadera Caja de Pandora? Es decir, ¿el miedo no es un instinto que obedece al peligro de una propia caída? Hay profesores, pésimos a mi gusto, que se ensañan con los alumnos haraganes y disfrutan ver el sufrimiento que les ejercen. En ese caso ¿quién teme a la mediocridad? Pero bueno, hay cuestiones que no tienen solución tras chasquear los dedos.Y en un mundo de tanta violencia, de tanta automatización, cuando surgen las posibilidades del amor, en la forma que sea, allí comienza un germen de la posibilidad que tiene el humano para reconstruirse, para explicarse una y otra vez.