lunes, noviembre 23, 2009

El ombligo de la Atenas tiene borra o el Congreso de los gritos, el día en que se nos olvidó dialogar



Una amiga entrañable, arquitecta, me narraba sobre la cadencia de los hombres y las mujeres que caminan por las calles más transitadas de Río de Janeiro. Su relato era emocionante por la forma en que ella lo describía y como habla portugués, podía entenderse con ellos como una semejante más, como otra caminante feliz que tenía la oportunidad de exhibir belleza, juventud e inteligencia. Pero la mejor parte era cuando evocaba el caminar y traté de comprender o así lo escuché, que allí, en la ciudad paradisíaca, lejos de las chabolas, la gente hermosa encarna la picardía del alma latina.

Pero no todo lo latino es hermoso, cadente, sensual y festivo. Es moneda que tiene cara y cruz o águila y sol. A la inteligencia es fácil espantarla, basta un grito, una ofensa, para que se eche a perder toda la belleza de un concierto, toda la placidez de un jardín.

“Latin Lover” es una gringada cinematográfica. El alma latina se advierte y se disfruta sólo entre los que mamamos la herencia directa del imperio español que a su vez, absorbió todo lo que pudo del imperio romano y que después adquirió lustre con los árabes. Un latino entiende bien que somos netamente teatrales, abusivos de maneras y gestos. Que somos católicos vociferadores y rezanderos y que al grito de “Viva la virgen” nos encanta todo lo que apabulle, creamos en Dios o no, seamos practicantes o no... pero sobre todo, un latinoamericano sabe que no puede pasarse la vida mentándole la madre a seres como Antonio López de Santa Anna porque en el fondo comprende y admira que se trataba de un cabrón bien hecho, pero cuando abusó y se excedió en todo, quince uñas estaba sobrado de poder.

Santa Anna es la hechura del latino criollo, al que también se le emparenta con la sangre nativa y ese temperamento de buscapleitos, de reacomodos, de hacedor del caos, de marchante delante de la plebe que lo seguía para que con gritos y amenzas espantara a los ricos... ésa, es la personificación del bribón, del ratero, del provocador, del seductor, del que se va con la lengua. Pero mientras tienen poder o mientras puede estar con alguien que lo admire y le permita esos desmanes.

Entonces, ¿por qué vamos a sorprendernos de que las sesiones del Congreso veracruzano terminen en concursos de porras y vítores y mentadas de madre? Todos los que fuimos testigos de la última sesión, en la que se votó por las reformas al artículo 4 de la Constitución Política de Veracruz asistimos a un espectáculo donde sólo hizo falta un ring y dos luchadores panzones y con máscaras adquiridas en el mercado Jáuregui. El salón plenario se partió en dos y en cada lado, los bandos de la intransigencia; yo nunca advertí que se tratara de buenos o malos. Los católicos recalcitrantes defendían sus opiniones y la supuesta gente de razón, la que pretendía la despenalización del aborto, la que tiene hasta doctorados y probó las mieles de las europas, les contestaba con silbidos de arriero y con señas de alvaradeño mudo. Pero no había diálogo, no había esa parte de la inteligencia que también caracteriza al alma latina.

La propia diputada perredista Margarita Guillaumín, momentos antes de que iniciara la maratónica sesión de casi cinco horas, nos dijo a algunos pocos reporteros: “Antes de esto empiece, si hay violencia, responsabilizó a los diputados del Pri porque están permitiendo un posible enfrentamiento.” Y a los diez minutos de iniciada la sesión, de los dos bandos, ni a cuál apostarle. Las personas con el don del habla, regalo de Dios o bendición de la evolución, se esfumaron y los espíritus siniestros de animales encerrados y coléricos dominó sobre el respetable público durante esa tarde-noche.

“En lugar de operarte la nariz te debes operar el cerebro” gritaban a coro las mujeres que lucían sus camisetas por el derecho y la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo. ¿A quién le gritaban? A dos diputadas priístas que votaron a favor, Marilda Rodríguez y Elvia Ruiz.

Pero en el otro bando había la misma confusión, de repente, a los católicos se les olvidaba que tenían enemigos y cuando Margarita Guillaumín subía la tribuna, para apelar a la razón, ellos quedaban convencidos y le aplaudían con mucho entusiasmo.

Habrá que limpiarle la borra al ombligo de la capital de Veracruz, la “Atenas veracruzana” o aplicar el dicho: “El que no quiera ver mostros, que no salga de su casa.”


domingo, noviembre 22, 2009

Se Eu Quiser Falar Com Deus por Elis Regina

Lucía León sobre la economía informal y los empleos en Veracruz


En Veracruz, el ambulantaje y el comercio informal se pueden mirar como una falta en la generación de empleo y un fallo en el mercado laboral, dijo la economista Lucía León Tadeo. “Hay un fallo extraordinario en la capacidad de ofrecer empleo. El trabajador ofrece su trabajo y alguien se lo compra, pero hay una disociación, los que necesitan el trabajo requieren cada vez menos trabajadores y los requieren del trabajo requieren puestos de ocupación y no los hay.”

Explicó que la falla en el mercado se debe a que las cadenas productivas están rotas. Ofreció un ejemplo: “Una empresa agrícola no siempre está asociada con la agroindustria de tal manera que ese desface no va a generar empleo. La mayor desarticulación productiva es la que genera más desempleo, por eso hay muchos espacios de desempleo.”

Pero dijo que a pesar de que en Veracruz el secretario del Trabajo y Previsión Social, Américo Zúñiga sostiene que no hay desempleo porque se basa en las cifras que reporta el Instituto Mexicano del Seguro Social, la economista aclaró que es importante reconocer las diferentes posiciones del empleo. “Hay empleos formales e informales, hay empleos formales que son por temporal, como es el caso de los albañiles y productores agrícolas, los cañeros, por ejemplo, tienen inscrita a sus familias en el Seguro Social y son las cifras en las que se basan las autoridades.”

La economía informal va en contra del patrimonio de las sociedades aunque el mercado no da las oportunidades laborales para que algunos sectores de la población tengan la posibilidad de un empleo bien remunerado, dijo la economista Lucía León Tadeo: “No debiera existir porque rompe la cadena formal del mercado.”

“Se rompe la cadena formal del proceso de distribución y consumo, pues la economías informal no se sirve de un circuito reconocido sino que puede venir de un clandestinaje, de una importación pirata y lo que hace es quitarle masa de dinero al circuito formal y eso es contra de la propia economía,” sostuvo.

Para Lucía León Tadeo el comercio informal es una encrucijada, un asunto social: “Es obvio que las personas que se dedican a eso se pregunten ‘¿cómo quieres que no me dedique a esto si nadie me contrata?’ y el mercado por sí mismo no da las oportunidades de trabajo para toda la población.” Pero dijo que se debe reconocer que en cualquier país, la economía informal daña los procesos financieros. Aclaró que si el mercado no da las oportunidades de empleo para la población. “La gente tiene que crearse un trabajo y lo hace de la manera más improductiva, pero tiene un empleo.”

Dalos está de acuerdo con operativos policiacos y dice que la delincuencia procede de otras ciudades

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Más presupuesto a Seguridad Pública y que se incremente el número de patrullas y helicópteros, dijo el diputado priísta Dalos Ulises Rodríguez Vargas, para que no se aniden los delincuentes que proceden de otras ciudades del país y quieren tomar como rehén a la población veracruzana.

Los operativos de seguridad que se llevan a cabo en la ciudad de Xalapa no tienen por qué ser vistos como un amago de las autoridades hacia los ciudadanos: “Más vale que sobre un poco de cobija a no tenerla,” dijo el diputado priísta Dalos Ulises Rodríguez Vargas, quien señaló que la capital veracruzana es una ciudad modelo, pero que en todas las ciudades de la entidad: “Se exige cada día más la presencia de cuerpos policíacos.”

“No estamos en los índices de Sinaloa y otras ciudades como Tijuana, Matamoros o Monterrey, la capital del estado todavía es una ciudad tranquila y se trata de una ciudad modelo donde la gente quiere y pretende vivir y es gracias a que hay mucha vigilancia” expresó el diputado priísta.

Para Rodríguez Vargas aún falta equipar más a los cuerpos de seguridad pública: “Voto porque siga habiendo más patrullas, más helicópteros.” Pero no cree que los operativos intimiden a la ciudadanía, en cambio: “Sí queremos que se intimiden los extorsionadores, los secuestradores, porque en su mayoría los delincuentes capturados en la ciudad de Xalapa son personas que vienen de otras ciudades de la república, como Michoacán y Zacatecas.”

El diputado expresó que una parte de la delincuencia que opera en la capital de Veracruz es de procedencia foránea. “Queremos ahuyentar a los delincuentes, que se alejen de Xalapa y se regresen a sus ciudades y nos dejen a los veracruzanos en paz. Pero si exageramos en cuestión de seguridad es algo que la población ya lo ve como normal, sea por fraccionamientos o colonias todos los días pasan muchas patrullas y muchas sirenas, pero es la única manera de ahuyentar a los que pretenden establecerse en la entidad.”

Finalmente destacó que si se está incrementando el narcomenudeo en la capital de Veracruz y hay que denunciarlo a las instancias adecuadas y no hacerlo de manera pública, porque sólo es: “Dar la alerta y que se vayan. Si ya hay ‘tiendas’ establecidas debe hacerse una denuncia inmediata al poder judicial para que se den los buenos resultados. Seguramente debe haber muchas ‘narco tienditas’ porque Xalapa tiene una población flotante de miles de alumnos y son carne de cañón para los delincuentes del narcomenudeo.”

lunes, noviembre 16, 2009

Nosotros por entre las rejillas del discurso o en las manos de los cuicos


Ayer, en su breve discurso de entrega del quinto informe de labores de su administración, el gobernador Fidel Herrera Beltrán fue muy enfático en recalcar que en el estado de Veracruz, nadie está por encima de la ley. Dijo: “Vida y patrimonio están a resguardo del Estado y nadie puede hacer justicia por su propia mano si no es a través del gobierno.” Los únicos autorizados para echar mano del garrote, son las fuerzas públicas.

Momentos antes de que el gobernador leyera su discurso, Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación o “ministro del interior” declaraba que: “Hay cosas que funcionan, planteemos alternativas que se pueden sostener frente a la gente, hay que aplicar la ley y permitir que los cuerpos policiacos se capaciten mejor e impedir que sean permeados por la corrupción que la integridad de los cuerpos de seguridad sea para la garantía para cada ciudadano y presentar contención en contra de quienes atentan la integridad de las personas.”

Lo notorio es que el tema de la seguridad pública está presente en los discursos, pero con ello no se refieren a la integridad de los ciudadanos de a pie sino a la profesionalización de los cuerpos policiacos. Es decir, las palabras claves que emplearon uno y otro funcionario, puestos de acuerdo o no, son que el único medio para garantizar el orden está en la aplicación de la ley y que los únicos autorizados para ello, son los integrantes de los cuerpos sostenidos por el Estado.

Cualquiera acepta esa idea. No es un argumento descabellado o bellaco. Pero hay que tomar en cuenta un hecho. De unos meses a la fecha, por ley, por obligación, los Congresos estatales se dieron a la tarea de “homologar” la Ley de Seguridad Pública Federal. Esto quiere decir una tarea legislativa muy simple: tomar un documento, agregarle unas comas y quitarle un punto y coma y en dos chasquidos, tener lista casi la misma ley, pero aterrizada a los requerimientos o necesidades regionales.

Una lectura menos apasionada puede ser más didáctica. En todo el país “funciona” la misma ley pero con sus adecuaciones. Significa que en el territorio nacional las compañías que ofrecen seguridad privada tienen que inscribirse en un padrón y detallar a las autoridades los métodos, las armas y las fichas del personal. Sin buscarle eufemismos, se trata de consignar en un archivo a una lista de mercenarios. ¿Para tener el control o nomás por el mero gusto de saber sus nombres, orígenes y preferencias?

Los responsables de la seguridad de los ciudadanos o mejor dicho, de hacer valer la ley entre los ciudadanos, según Gómez Mont y el propio gobernador Herrera Beltrán sostuvieron que hay que buscar un nuevo pacto de la federación, de que hay que fortalecer la recaudación hacendaria y etcétera. Pero también dejaron en claro que están armados y que sus acciones pueden llegar más allá de las buenas intenciones.

La casa está a resguardo o mejor dicho: la casa puede estar libre de ladrones y si entran, si ensucian los tapetes y los jardines, pues será con autorización de los dueños. No hay de otra. Pero lo que servidores públicos de alto nivel no explican es que de pronto, en las periferias de las ciudades medianas y grandes, al menos de Veracruz, los operativos están a la orden de cada noche.

Uno comprende y acepta y simpatiza con la ronda de una patrulla, pero ver hileras de casi 20 camionetas transformadas en patrullas, ver que sus viajeros llevan los fusiles dispuestos para el disparo, atisbar que la luz amarillenta de las arbotantes se obnubila con los reflejos rojos y azules de las torretas… da cuerda para pensar en muchas cosas.

Cuando fue homologada y votada y aprobada la Ley de Seguridad Pública para el Estado de Veracruz, el diputado convergente Sergio Vaca Betancourt se quejaba ante algunos compañeros reporteros. “Es una locura, no había que aprobarla tan rápido, podíamos revisarla con mayor calma, pero no, en esta oficialía de partes de Fidel Herrera Beltrán, todo se hace a las carreras.”

GABINETE DE OCIO

Venecia se queda sin clase media, la ciudad es para los ricos, ¿qué pensamos los lectores de la gran novela de Thomas Mann? ¿Qué pensamos de tanta literatura y poemas y filmes y ocios? Cine, buen cine: “La muerte en Venecia” con la mirada de Visconti y hay otro filme excelente, “El mercader de Venecia” con sir Laurence Oliver, pero si de acompañar con palomitas se trata: “Un tierno romance,” donde un Oliver viejo y león de la actuación, guía desde París a dos jovencitos que buscarán darse un beso de amor en Venecia: sobre una góndola, bajo un puente y durante las últimas campanadas de San Marcos.

jueves, noviembre 12, 2009

Día Nacional del Libro en un país de muchos lectores, aunque no sea de libros

Pintura: Fernando Botero

En nuestro país se celebra hoy el “Día Nacional del Libro,” y como para toda ocasión de festejo siempre hay un cursi, soy de los que no se esperan las grandes celebraciones pero quizá dedicaré media tarde a caminar por las cada vez más escasas librerías de la capital veracruzana y comprar algo. No regalos, no tarjetas, no mensajes de felicitación para los que leen libros, no tertulias y esos detalles. El día del amor y la mistad se tiene que celebrar al menos con un beso; el de “el libro” pues será con eso: con libros.

Pero independiente de la compra de un ejemplar de hojas amarillentas o uno muy nuevecito que aún esté dentro de su camisa plástica, lo importante es no andar con las manos vacías porque a uno le comienza a entrar la cosquilla de la fatalidad. “Y si una punta de locos secuestra el camión en el que viajo, ¿en qué gastaré el cautiverio?” y esos atrevimientos cruzan la mente de quienes no vamos a la vida con las herramientas del futuro y dejamos que una parte del mundo o mejor dicho, que un fragmento de una visión del mundo se compagine en unos cuantos folios.

Hoy no se trata de felicitar a nadie. Contra la miopía que a veces contagia la academia, uno anda por las banquetas con la defensa de que el leer libros nos hace mejores. No lo sé. A veces pienso que es mucha soberbia, Carlos Salinas de Gortari es un lector apasionado y para la conseja popular no es el mejor de los hombres en la memoria de los mexicanos. Hay gente muy buena que en su vida nunca ha vuelto a abrir un libro y no por ello dejan de ser tratables; hay quienes los consumen a pasto y su compañía es chocante, insoportable.

A veces he pasado horas enteras con personas que no leen libros y sus pláticas son muy interesantes y aleccionadoras porque se trata de músicos o de técnicos. Pero, ¿si los libros no lo son todo en la vida, entonces para qué carajo lee uno? ¿Para obtener un vocabulario preciso y correcto? Los mejores albures y chistes, incluso mal sanos, se los he escuchado a grandes lectores de libros, que van desde académicos, colegas escritores y alguno que otro sobreviviente de las huestes seminaristas y que se decantó, al fin, por el periodismo. No, lo libros no sirven para hablar “bonito.”

Uno, cuando puede, husmea en las casas ajenas los escritorios de los amigos y sus bibliotecas, si las tienen. ¿Qué lee fulano que habla maravillas de tal gobernante o uno se pregunta qué leerá? Pero hay casas donde los libros son escasos. En lugar de libreros hay estantes llenos de películas, originales y piratas están formaditos y cuidados cual si fuera el mejor tesoro de la casa. En otras ocasiones a las películas las sustituyen los discos y en efecto, no falta el miserable que tiene el disco de jazz del año del caldo que el exquisito lector de libros ha buscado durante años. ¿Y por esa razón, los que no tienen libros o tienen muy pocos, son tontos, mezquinos, ignorantes, bobalicones?

Hay para todos los gustos y en esta tierra necesitamos de todas las voces, de todas las opiniones. Cuando me topo con un lector de libros con el que coincido, es apabullante darse cuenta de ambos hemos acudido al mismo libro, pero se han leído muy diferentes historias. Allí donde uno imaginó a la Teresa de La insoportable levedad del ser con los pechos pequeños y el cabello al hombro, la otra persona la hizo un poco rechoncha y con las mejillas rojas, a punto de explotarle. Claro, sucede en la literatura; porque en la ciencia, sería gravoso que cada cirujano interpretara su propia versión de la anatomía humana.

Libros que no son los escudos plásticos que utilizan los policías dispuestos a desmadrar a los mítines. Libros más bien como tapetes o alfombras mágicas, sobre los que uno puede echarse para emprender un viaje entretenido o aleccionador. Hace poco leía, en la red, un ensayo escrito por Camilo José Cela y reí mucho porque el viejo discurría sobre la utilidad de la novela y decía que no hay cosa más inútil y burguesa, más hecha para rendir culto al ocio, que la novela. Hay ideas que no pueden negarse hasta dar con lo contrario.

Hay libros que cambian la vida y otros que la hacen muy aburrida. Lamentablemente, la mayoría de los profesores dedicados a la lengua y la literatura suelen recomendar los segundos. En lugar de animar, amilanan. “Hoy les llegó la hora de leer” dicen ellos. Como si leer un libro fuera como fumarse medio kilo de mariguana a las entradas del Palacio Nacional, o como si terminar una selección de las 100 mejores poesías de amor equivaliera a orinarse en un mural de Diego Rivera o como si leer un libro de dietas significara arrojar un petardo a la capilla Sixtina.

En nuestro país se lee y mucho. Es otra cosa que en lugar de libros nos divierta más leer los mensajes en las puertas y paredes de los baños públicos, en las ventanas o asientos del transporte público, en las redes cibernéticas (el “feisbuc” me maravilla, es como si regresáramos al tiempo de imperio romano, en Roma: escribe en el muro de tu vecino si lo amas o lo odias… una costumbre latina que no hemos perdido y que ahora, para ser modernos, trasladamos a la red).

Sí, leemos y mucho. Pero a pocos mexicanos les gustan los libros. No creo, me incomoda pensar rápido y escribir que no lo hacemos porque somos un pueblo de huevones, de ignorantes, de atrasados, de “indios ladinos,” de pillos, de jijueputas… Todo lo que quieran decir los profesores que también odian los libros. Quedo con una idea que en alguna entrevista memorable le hice al entrañable maestro universitario Mario Muñoz. Delante de una buena taza de café, me dijo: “Yo creo que no leemos libros porque tuvimos Inquisición y nos los prohibía, quizá es un mal añejo que no nos atrevemos a ver.”

lunes, noviembre 09, 2009

Dinero. Lo que dicen para salir del paso o porque de verdad lo creen…

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Según la conseja popular: “Donde se llora, ahí está el muerto.” Pero sucede como en los primeros testimonios donde se narra el infortunio de los atropellados...

Jorge Duarte, en Orizaba, a sazón del presupuesto 2010 para Veracruz: “Ya es hora del postre para recibir todo el recurso para la infraestructura, para desarrollar, para promover las plazas de inversión, para generar las fuentes de empleo, para las plazas de ocupación que requieren los trabajadores.” ¿Habrá mucho dinero y todos seremos felices? La crisis mundial no llega a Veracruz, se pasó como burro por su casa, por delante.

Pero el diputado panista Federico Salomón Molina no lo ve con los mismos binoculares. Cuando le preguntaron si le gustaría ser presidente municipal hizo cara de circunstancia y dijo que para heredar deudas, mejor se quedaba en su casa. “Sabemos que hay ayuntamientos que están en banca rota por tantos compromisos financieros que han adquirido los alcaldes en turno… hay comunas que están prácticamente en quiebra financiera” y agregó que los alcaldes, no conformes con ello, siguen de pedinches.

No todos piensan lo mismo. El profesor Fernando González Arroyo, a quien le vaticinan el triunfo para que despache como presidente municipal de Martínez de la Torre dice que está muy a gustito como diputado: “Yo no me voy, yo estoy bien aquí en el Congreso y espero terminar la gestión de 3 años para que fui electo.” Al diputado se le olvida que a veces le da por la desmemoria: “Ah, el Agrocentro se vendió” ¿y ahora le van a creer que le agarró harto cariño a la curul?

Hay suficientes motivos para querer mucho el desempeño legislativo en la actual LXI Legislatura. ¿Qué empleado afirma que se va antes de cobrar el aguinaldo? 58 mil por el sueldo mensual, 100 mil de aguinaldo y un ahorro de 240 mil anuales… pues como que sí alcanza para comprar la camionetota y hasta pagar los estados de cuentas bancarios.

Pero quién los entiende, Américo Zúñiga, secretario del Trabajo y Previsión Social dice que el entrante 2010 no será tan sencillo. Ya pidió a los empresarios que no se adelanten con asuntos de despidos laborales. “Estamos haciendo llamados a los empresarios, a los trabajadores para que seamos solidarios con el estado de Veracruz, lo que debemos preservar, además de la calma es el fomento al empleo, debido a que de esa forma es como tendremos crecimiento”. Si Américo no conoce los versos de Pessoa, le dio al clavo: “No tienen prisa el sol y la luna y salen todos los días.

Depende mucho la comodidad de la silla y la panorámica. Mientras que para Américo Zúñiga se trata de guardar la calma, para Juan Carlos Stivallet, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo, hay variantes. “La mayoría de las microempresas están atendidas por familiares y generalmente son personas mayores de 40 años, que no tienen derecho a jubilación u otro tipo de prestaciones. El gran problema será que debido a su edad, al no tener una fuente laboral, difícilmente se podrán incorporar otra vez al sector productivo. Son personas que no podrán encontrar fácilmente otro empleo” y ni llorar es bueno. En la zona de Xalapa peligran 300 microempresas. ¿Y en español se dirá “microempresa” a la tienda de barrio, a la tortillería, al expendio de verduras o a los Oxos y demás garitos?

¿Hay, hubo o habrá dinero? Si los funcionarios que están al frente y saben cómo marcha el negocio no quieren mancharse las mangas, pues menos permitirán que de sus bocas salga una declaración que pudiera hacer enfadar al jefe. Por ejemplo, hay sesenta ayuntamientos que están en fila de espera para que el Congreso del Estado les autorice solicitudes de préstamo. En un idioma menos rebuscado, a eso se le llama deuda. Pero los representantes populares, que son un muestrario de lo que en verdad es el pueblo, se echan la bolita. “No hay dinero por culpa de la federación” dicen los priístas y los de Acción Nacional contestan: “El gobernador se lo gastó en las campañas.”

Pero si de lo que se trata es de ser ahorrativos y no despilfarrar los centavos. Ahora no falta servidor, candidato o pregonero que no repita la palabra “republicano.” Todo debe ser bajo un concepto “republicano”: el informe del gobernador, las campañas políticas, los gastos en las dependencias, el pago de las cuentas de teléfonos celulares y hasta el papel para limpiarse la cola. Resulta que después de muchos años se acordaron de una de las secuelas juaristas, que fue la defensa y consolidación de México como una república. ¿O querrá decir que republicano es “sin lujos”?

Cualquiera que conozca la anécdota escatológica del escritor español Camilo José Cela, sabrá que es mejor andarse con métodos republicanos, sobre todo cuando se trata de zonas a las que es mejor tratar sin muchas sofisticaciones. Al viejo le divertía contar que mientras sufría los escalofríos de una fiebre, su mujer envió a buscar al médico. Tras la auscultación, el galeno recetó medicamentos y como un paliativo que haría bajar muy rápido a las temblorinas, también recetó supositorios.

Quien al final de sus días fuera el orgulloso marqués de Iria Flavia, relataba que durante aquella fiebre, la temblorina lo hizo bajar la guardia. Pidió un supositorio a la esposa y él mismo lo colocó en el lugar indicado. Acto seguido, se quejaba: “Mujer, que esto me rasca, que me rasca.” Y luego de muchas quejas, Camilo José Cela, el premio Nóbel, relataba que sí, le rascaba mucho porque a él nadie le dijo antes aquellas sabias palabras que le había reiterado su mujer: “Pero Camilo José, pues sí que 'rasca', a estas cosas hay que quitarles el papel de estaño.”

jueves, octubre 29, 2009

La inutilidad de los desfiles cundo el agua fresca no llega a los marchantes

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Cuando pase la euforia gastronómica que provoca la fiesta de Todos los Santos o Los fieles difuntos o simplemente Los muertos, en las escuelas secundarias y de bachilleres comienza el calvario porque se debe preparar el desfile deportivo, cívico y militar del 20 de noviembre. Todo un acontecimiento, toda una proeza del pueblo mexicano que para no olvidar sus vergüenzas nacionales: hace desfiles.

Y no es por fortuna sino por las críticas y por lo sucedido, que en la Secretaría de Educación de Veracruz se comienza a tomar en cuenta la integridad física y moral de los alumnos que acuden a los horrendos desfiles con motivo de algún día patriotero. Parece que al lugar encabezado por el doctor Víctor Arredondo Álvarez ya les comenzó a preocupar eso de los jóvenes desmayados, insolados, deshidratados y hambrientos, que es un saldo común en los actos convocados por el gobierno y a los que los alumnos van de relleno.

Que las autoridades de Educación de Veracruz estudian si la muchachada de las escuelas secundarias se librará de asistir a los desfiles. Y como diría el sabio Pancho el Mión, un enano de feria que se dedicaba a eso, a orinar frente al público hasta llenar una cubeta de tres litros: ¿Y a qué chingaos van? Pues los alumnos ni saben, pero sus maestros tampoco y los que están de autoridades, pues menos. Se va a los desfiles porque se trata de un día festivo, es decir, de un día en que no hay clases y chance hasta “ley seca.”

El secretario Arredondo se puso muy tierno y ya no quiere exponer a los niños. ¿Es amor de protector o no les va a aquedar de otra que prohibir que los alumnos se utilicen como carne de cañón para que los políticos estatales se las den de grandes apoyadores? En lo que va del año ya se han registrado casos de adolescentes desmayados, insolados y deshidratados. Lo bueno que en Veracruz los niños no se tocan. Pero es otro cuento.

Todos los que asistimos a escuelas públicas recordamos con ninguna simpatía a la madre de los señores gobernadores a quienes nos tocó pasar a darle nuestras más distinguidas consideraciones durante un desfile cívico militar. No era cuestión de saludar de mano al gobernador sino de hacer un gesto marcial que en adolescentes granosos y hartos de autoridad se veía más bien como un remedo ridículo.

Nos formaban con la respectiva toma de “distancias” y al “derecho, izquierdo” marchábamos tratando de sostener un mismo paso y que el profesor de educación física no descubriera que hacíamos trampa. “Uno, dos” gritaban las chicas a quien el consenso popular señalaba como las más buenas de la escuela, mientras sus falditas rabonas y sus boinas de comandantas las hacían ver más ridículas.

Pero ellas se sentían y se percibían soñadas y a cada paso, que ellas transformaban en un brinquito de gansa, dejaban ver la mitad de sus nalgas. “Uno, dos” silbatazo, “uno, dos.” Es una broma del destino lo que voy a escribir pero no, lo pienso mejor y me percato que se trata de selección natural o de los prejuicios de los profesores. Todas las comandantas que enseñaban media nalga a cada brinco: eran güeritas, un poco rechonchas y tenían caras de pequeños devoradores de productos Gerber pero salpicadas con granos. Comandantas grotescas que creíamos bien buenas.

Los desfiles servían, claro que sí, puedo jurarlo. Uno perdía clases al por mayor gracias o por culpa de los ensayos. No eran unas cuantas horas las que se invertían sino varios días y lo más difícil, así era, es cierto: lograr el saludo al gobernador del Estado, que invariablemente estaría en el palco central de palacio de gobierno, platicando con algún funcionario mientras los adolescentes le rendían caravanas por ser día de la Independencia, de la Revolución Mexicana y de la batalla del 5 de mayo.

Caravanas al gobernador porque a mediados de septiembre de 1810, al cura Hidalgo se le había ocurrido no irse al bote. Cuando uno de los contingentes de muchachos y muchachas se aproximaba a la zona del balcón central, un profesor con alma de milico soplaba un silbato y a la de una, dos y tres… Los muchachitos se erguían, juntaban sus manos y daban quince pasos marciales mientras retorcían el pescuezo para apenas atisbar hacia arriba, donde el gobernador seguramente se platicaba chistes verdes con los funcionarios en turno.

Luego hacerle caras bonitas y saludos marciales al gobernador porque el orejón de Nachito Zaragoza dijo que él y los poblanos atrincherados se podían aventar la escabechina de los soldados del ejército invasor. Bien cubiertas de gloria las armas nacionales y al poco tiempo, enterado don Napo, Napoleón III, no el líder de los mineros, pues que les manda y la cargada y luego de hacer correr a la chinacada, que llega el güero Maximiliano a fundar el segundo imperio.

También al gobernador le hacíamos los honores por culpa de la publicación del libro de Panchito “Indalecio” Madero y el desmadre que se vino después y al que le llamamos todavía Revolución Mexicana. Pero son días festivos, hay desfiles y a don Víctor Arredondo no le gustaría que un grupo de padres de familia, más abusados que abusivos, se pusieran de acuerdo para establecer una queja con Derechos Humanos y que entonces, de repente, todos nos demos cuenta de que los chicos y las chicas, con granos en la cara o con brinquitos de gansa, tienen derecho a no ser utilizados para saludar al gobernador y perder clases.

martes, octubre 27, 2009

La montaña es la misma, pero el paisaje se transforma según la mirada

Foto: Bethania

Los franceses huelen a cebolla. Los españoles disimulan el tufo de ajo porque traen un habano cosido a la boca. Las mujeres más frías son las inglesas; las italianas, las más hermosas. Los australianos se la viven en la playa y todos los gringos beben coca cola y comen hamburguesas. Los mexicanos andamos de sombrero de palma, enrollados en un sarape y somos bien güevones.

Sin duda esas frases son parte del espejismo al que solemos llamar lugar común. A veces la imagen es totalitaria y se transforma en “imaginario,” que sirve como una etiqueta de identificación social y a partir de ella se construyen las chanzas o los chistes racistas o poblacionales. En nuestros chistes ladinos, todos los gallegos son brutos y no hay poder humano que lo revierta. Pero en el fondo se trata de una simplificación cultural que mucho tiene que ver con la difusión de ciertas estampas a las que a veces se nominan como nacionales o del folclor.

Pero cuando se comienza a hablar en serio, desde afuera, y con cifras y datos, también se causan algunos desaguisados. Ocurre como en el cuento malsano donde un pequeño se arrima al padre para decirle que sus vecinos son muy, pero muy pobres. El progenitor lo cuestiona y el niño responde: “Es que hace rato, su hijo más pequeño se tragó un veinte, y los papás hicieron un escándalo.” La malicia del cuento está en el humor negro. Aunque no todo adquiere esa forma...

En la página 6 de la sección internacional de la edición impresa del periódico El País, de ayer, hay una columna que seguramente llamó la atención de los lectores mexicanos y que de paso nos hizo la mañana pesada, un tanto agridulce: México, no; Brasil, sí. El texto lo firma Moisés Naím y en su entrega, ofrece un balance de comparación entre los dos países más poblados y grandes de Latinoamérica. En su texto, un país gana y el otro pierde.

No se trata de un balance de infamia patriotera, a menos que los ultranacionalistas sientan el gusano de la carcoma. Naím explica sus razones por las que México ha pasado a un segundo plano en el debate de las economías mundiales, cuando hace apenas diez años era el país latinoamericano que merecía no sólo la mención sino la atención. “Ahora, Brasil es la esperanza y México, la desazón. La percepción es que mientras Brasil despega, México está empantanado.”

La medición es a través del crecimiento económico. En 2008, según Naím, México crece un 1% y Brasil alcanza el 5%. Las cifras pueden ser muy duras y nuestra economía la número once en el orden mundial, eso puede ser inalterable hasta que un cambio demuestre lo contrario. Los datos que se ofrecen son en términos de medición y no un reflejo de toda la población. En otro párrafo se lee: “...Brasil se está convirtiendo en una potencia petrolera mundial, mientras que una combinación suicida de restricciones legales, políticos irresponsables y sindicatos corruptos impiden que México desarrolle su enorme potencial.”

Los lectores podemos guiñar con la afirmación de Naím, sobre todo, si nos atrevemos a hacer ligeras variaciones en el texto, y donde se lee: “políticos irresponsables y sindicatos corruptos”, nosotros podemos sugerir la otra combinación: “políticos corruptos y sindicatos irresponsables” y estar o no de acuerdo con la percepción de un observador global. Pero a veces la cifra se desapega de los contextos sociales y sobre todo, de la opinión que merecen expresar los que viven en el centro de los desastres.

Sólo voy a mencionar uno de los varios achaques que Naím atribuye al estancamiento de México y a tratar de condensar lo que no dice. Él apunta que estábamos en la mira, en la flor del desarrollo cuando sin violencia, nos sacudimos de un sistema político unipartidista. Que en los noventas, nuestro país signó un Tratado de Libre Comercio con los vecinos del norte del continente. Hasta allí, éramos la promesa de América Latina. Después, al cambio de párrafo explica el milagro brasileño.

Lo que el columnista “no dice” (y en todo caso no tiene por qué, ¿o sí?) es que durante aquellos años de esplendor quien gobernaba el país era Carlos Salinas de Gortari, que para los mexicanos significa, aún, un bocado que nos atraganta. Sí, éramos la esperanza y así lo creíamos o lo asumíamos, fue un espejismo, un cambio de cascabeles por pepitas de oro. Pero la realidad fue otra y nos quitamos el polvo (jamás la mugre) con un chiste bizarro: “¿Ya saben que a Carlos Salinas le van a dar el premio Nóbel de Médicina? -No, ¿por qué? -Ah, porque nos hizo parir a todos los mexicanos.”

El asunto de la transición democrática es aún más vergonzoso, porque es cierto, no hubo balazos pero a cambio elegimos a un Vicente Fox que provocó la añoranza de una dictadura disfrazada de disciplina política. Nuestro cambio en el año dos mil fue apenas una probada de democracia instantánea, pero dañina como todo lo que es de instante.

Cierro con fragmentos del último párrafo de la columna de Moisés Naím... cada lector decidirá el paisaje, total, se trata de nuestra montaña: “...el progreso de México ha sido secuestrado por sus carteles. Y no me refiero a los carteles de la droga. Me refiero a las empresas privadas, sindicatos, agrupaciones políticas, universidades, medios de comunicación y gremios profesionales que limitan la competencia...”