
La poeta veracruzana Silvia Tomasa Rivera tiene una frase con la que desarma cualquier pretensión de absurdo que acontezca a su alrededor. Simplemente dice: “Esto no está sucediendo”. Es claro que el conjuro sólo vale para quien lo declara, abiertamente o quizá, como un rezo quedito, le sirva a las personas que lo digan rápido, con los labios bien juntitos, como si también añadieran el mexicano hechizo verbal que dice: “Síscalo, síscalo diablo panzón” —vaya con la frase... hay que averiguar posibles orígenes, ¿algún amable lector tendrá el dato?
El caso es que la división del país aún pertenece al territorio de la verborrea que sueltan unos contra otros y el resultado ya no es más que la tragicomedia o carijicomedia de la grilla nacional. ¿Quién gana o pierde con los enfrentamientos de la población? Ya se dijo lo suficiente como para agotar las doscientas instancias electorales que faltan, ya está visto, también, que la democracia de México es una de las más costosas del mundo y la ciudadanía sigue empecinada —como si las campañas no hubieran fastidiado lo suficiente— en querer ver luchas al puro estilo de la Arena México.
Al este grado, una explicación viable podría encontrarse en un cuento de nuestro siempre admirado Juan Rulfo (1918-1986). Con hojear cualquier edición de El llano en llamas (cuyo primer tiraje se hizo público en 1953) y revisar algunos párrafos de la historia titulada El día del derrumbe;. allí está un verdadero reto al ingenio, quien comprenda esas líneas, quizá, pero no lo digan a los demás, entenderá el embrollo de las elecciones... allí va:
“—Conciudadanos —dijo—. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunando a la austeridad de que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbre.”
Habrá quien comprenda esto y más, quien acepte entrar en debates estériles y por si fuera poco, quien se crea lo que dicen los correos electrónicos que hacen cientos de fanáticos. En lo que va de la semana en el que el IFE dio su veredicto, yo he visto no menos de 30 correos electrónicos; unos a favor de Andrés Manuel López Obrador y otros apapachando a Felipe Calderón; unos ofensivos y otros tan cándidos... unos descabellados y otros tan cínicos. Pero el colmo llega a sus límites, una señora de la barriada andaba desperdigando que empezará la guerra; una burócrata a quien conozco jura que perderá el 70% por ciento de sueldo en impuestos.
Y hace unos días, mientras caminaba por las calles del centro de Xalapa, una mujer se desgañitaba: “Peje, Peje, estamos contigo”. ¿Felipe y Andrés Manuel tendrán oídos para el pueblo que sí les cree, que les tiene una pizca de fe? Termino con una segunda cita al cuento de Rulfo:
“—Mi trazo es el mismo; conciudadanos. Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos. Hoy estamos aquí presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de mi programa de gobierno...”

