miércoles, noviembre 15, 2006

“Viaje con poetas”, historia, disco y suspiros

Hace más o menos un año recibí un disco compacto titulado “Poetas veracruzanos que trascienden en el tiempo... poesía que se vuelve canción”. Se trataba de una empresa arriesgada, la agrupación musical Los tres de Coatepec se había dado a la tarea de grabar un rescate poético efectuado por Franco González Aguilar. La idea no era ni es mala; al contrario; eso de hacer “escuchables” los trabajos de los poetas no ha sido un pensamiento extravagante y se ha practicado con más o menos cierta recurrencia a partir de que la tecnología permite almacenar la memoria auditiva.

Pero trataré de desgranar esto con mayor calma. El disco que recibí contenía once poemas trasladados a canciones —la poesía es música— que incluían desde Salvador Díaz Mirón hasta un texto de Aureliano Hernández Palacios; la constante es que todos los requeridos en aquel rescate fueron oriundos del estado de Veracruz; la variable es que los arreglistas hicieron un buen trabajo para empatar diversas corrientes y usos literarios. El resultado fueron once canciones pero cuyas letras fueron escritas por los memorables coetáneos del siglo XIX y los umbrales del XX, literatos que jamás pensaron que mediante un disco podrían llegar a tantos oídos e incluso, a mover los pies de sus escuchas.

Y ahora Franco González Aguilar se da a la tarea de historiar los vericuetos que pasó cuando tuvo la ocurrencia de musicalizar a los bardos. Su libro “Viaje con poetas” narra en unas ciento treinta y dos páginas las peripecias por las que pasó, desde la investigación documental hasta lograr que un domingo de enero Los tres de Coatepec se presentaran ante el publico que llenaba la sala grande del Teatro del Estado. ¿Novela, crónica o testimonio? Quizá una mezcla de las tres. El Veracruz que González Aguilar retrata sucede en un tiempo lejano, de referencias: allá por los tiempos del gobernador fulano o de cuando era rector de la universidad veracruzana el licenciado perengano o el narrador visita el puerto de Veracruz cuando coronan a la chica que reina el carnaval número cincuenta y tantos.

Quizá las fechas reales son las que refieren a la biografía de los poetas que un suertudo Víctor (así se llama el protagonista) se va por topando en el camino y es a quienes decide incluirlos en el disco que planea grabar. Bueno, Federico Reyes Heroles dice que “sin causa de azar no hay literatura” y esa es la fórmula que el autor emplea en la construcción de un texto que tiene elementos de historia cultural, sin llegar a serlo; de novela, sin comprometerse a ello; de testimonio, si fuera más concreto; de crónica, si únicamente se dedicara a narrar de manera lineal. Pero recordemos algo, siempre que se etiqueta a un libro, su género le depara el destino en la estantería del librero. Entonces podría ser que...

“Viaje con poetas” trata precisamente del tránsito lleno de azares de un hombre que tiene como única meta grabar un disco con letras de los poetas más representativos y que una vez hechas canciones, éstas circulen en labios del pueblo. No es una historia de iniciaciones literarias sino de hallazgos, conjeturas y la inexistencia de calamidades. Una narración ágil que extravía el tono inquisitorial del ensayista, o la pretensión absoluta del escritor y la aridez académica del historiador. Aborda, sin embargo, dos pasiones: poesía y música.

Si el libro completa el ciclo iniciado con el disco, quizá mientras se lee habrá que acudir a las canciones. ¿Complemento o círculo? No conozco a nadie que lea con avidez una biografía de Beethoven cuando antes, jamás, ha escuchado ni siquiera el cuarto movimiento de la novena sinfonía. Libro y disco, aunque por separado, los dos funcionan bien. Ahora sólo hay que aguardar la llegada de “Viaje con poetas” y la presentación oficial que Franco González Aguilar tenga que hacernos.