martes, diciembre 05, 2006

¿Fieles a Calderón o sus mejores amigos?


Hay muchas cercanías legendarias, poéticas e históricas para relacionar al perro como el mejor amigo del hombre y el animal que le puede ser más fiel. Estos seres, míticos o reales, se presentan en parejas o solos; son muy agresivos o bonachones, pero jamás son estúpidos... quiere decir que siempre nos los han mostrado con una inteligencia tan cercana a la humana (pero si fueran tan “inteligentes” debieran repudiar todo lo relacionado con el hombre) y que si los perros hablaran —en verdad y no sólo en nuestra fantasía— quizá muchos seres de dos patas estaríamos de sobra. Pero como la realidad es otra, eso lo reservamos para el imaginario.

Quizá lo más próximo a los “homo sapiens” sea el nombre atribuido a la orden religiosa Dominica, porque se refiere directamente a un grupo de hombres a quienes se les ha dado, por dos palabras latinas, el mote de “Los perros de Dios” (Domine Cannes). Si ellos, una de las órdenes más ricas y poderosas, están orgullosos o no del origen de su nombre, es una cosa (otros refieren que “Dominicos” es porque su fundador fue Domingo de Guzmán); pero desde su establecimiento como orden, estuvieron al cuidado de la preservación de la fe católica (Inquisición) y ello les acarreó historias de verdadero terror. Pero no sólo en la religión instaurada e impuesta por Occidente hay la figuración del perro como el cuidador de las personas, lugares o cosas sagradas. Casi todas las sociedades que conocieron al perro (me refiero a las antiguas) le tienen un lugar especial...

Lo griegos idearon que una criatura temible de tres cabezas y cola de serpiente, llamada “Cerbero”, cuidaba las puertas del Hades —lugar de los muertos y a donde los vivos no pueden entrar— y aquel monstruo era un perro, el can Cerbero. Para la mayoría de las culturas mesoamericanas del tiempo prehispánico, un perro era el compañero ideal para que el alma de la persona que ha muerto por causas naturales, pudiera cruzar un río. Es decir, el hombre siempre ha tenido necesidad de esa figura de lealtad y defensa que le representa el perro.

El cine de la empresa Disney no ha cejado en reforzar a la figura perruna entre los niños. Los que hemos visto el filme de “Los aristogatos” (1970, dirección de Wolfgang Reitherman) sabemos de dos simpáticos perros llamados: Napoleón y Lafayette, personajes que hacen las partes más cómicas de la historia. Y el amor entre “La dama y el vagabundo” (cinta aún más vieja, de 1955 y dirigida por Clyde Geronimi) nos fabula una versión muy suave sobre la posibilidad de que una rica termine cediendo ante los galanteos de un pobre. Y entonces hay que preguntarse...

¿No tiene derecho el enjaulado Felipe Calderón a buscarse sus seres fantásticos? Mire, si los minotauros se hubieran quedado en nuestro imaginario, pues seguiríamos recurriendo a ellos. Pero como fueron los perros en lugar de otros animales, no vamos a poderlo cambiar. Y ya vimos que una de las acciones del nuevo señor presidente fue agradecer a la jauría el resguardo y las facilidades prestadas para tan noble ocasión. Luego se confirmaron los nombramientos: un sabueso para la Oficina de la Presidencia y un ¿furioso Doberman? para los asuntos internos. ¿Acaso Felipe niño, creció añorando a una mascota? Pues ya es presidente y adentro de su jaulita o su burbuja, es el primer mandatario de un milagro que aún se llama México.